lunes, 29 de abril de 2013

La izquierda española

       Entre los múltiples vicios a los que la distancia (iba a decir el exilio, pero ya está bien de hipérboles) me va habituando, seguir las tertulias televisivas en diferido no es precisamente el menos dañino. Frecuento las de la derecha menos maquillada, dan más ganas de intervenir, la indignación y el cabreo son también una forma de sentirse vivo. El otro día invitaron a Pablo Iglesias que, como su nombre indica, es "del otro lado". Lo invitaron para reirse de él, como suelen hacer en esos sitios, el viejo truco, con la coartada de la pluralidad y la libertad de expresión, invitan aun uno o dos pesos ligeros de pemsamiento más o menos "progre" y los muelen a palos, se los meriendan. El problema es que el invitado les salió rana, rana carnívora y les mordía.
     Siente uno una sensación extraña al ver a gente de izquierdas en la tele, de lo que (dicen) fue la izquierda. Gente en la tradición de los Sartre y los Cohn-Bendit, gente a los que uno puede muy bien imaginarse sobre el techo de un auto con un megáfono, enardeciendo a las masas con consignas bien formuladas, con discursos en los que de verdad creen y que por eso  no suenan huecos. Jiménez Losantos, que proviene de esa izquierda y, aunque no se sube a ningún techo, lleva años chillando con un megáfono, se encontró en Iglesias -que es profesor de políticas y presume de currículum a la que puede- con la horma de su zapato y tuvieron un intercambio de opiniones de lo más sugestivo. Lo que sacamos en claro fue lo que ya intuíamos, que la llamada oficialmente izquierda, la que sale en los medios de comunicación, es una excusa para no enseñar  la otra,  la de verdad,  la que da miedo. Ahora, como la cosa se está hinchando, parece que hay un cierto público para esta izquierda que viene de las trincheras, que mira a la cámara a los ojos, habla de nacionalizaciones y de que se cumplan de una vez la leyes y (¡por eso!) mete miedo al personal. Incluso si uno no está muy de acuerdo con sus propuestas más o menos populistas, aunque solo sea por escuchar a alguien que se dice de izquierdas hablar correctamente usando subordinadas, la verdad es que el cambio se agradece