lunes, 28 de febrero de 2011

Che cosa sono le nuvole?


He vuelto a ver el cortometraje de Pasolini y, como siempre que me acerco a su figura, no puedo evitar pensar que, pese a la innegable relevancia que se le concede, aún está menos reconocido, menos valorado de lo que se merece. Pasolini es uno de esos espíritus libres y multiformes que ha parido Italia a lo largo sus siglos turbulentos y a los que se refiere Harry Lime en la noria del Prater. No es sólo un renovador director de cine (dirigió "Accatone", su primera película, a los 39 años), sino escritor, ensayista, periodista, critico literario y de cine, poeta, actor, político, pionero en la lucha por los derechos de los homosexuales, provocador y certero crítico de la izquierda acomodaticia... ¡en la Italia de los 60-70! La cantidad de actividades que emprendió en su vida es tan desmesurada y de tal calidad que la cultura europea de la segunda mitad siglo XX no puede entenderse sin su influencia. Su muerte fue una tragedia en los dos sentidos del término, una catástrofe para la cultura italiana y europea, y una catarsis, por el sórdido simbolismo que encierra.

lunes, 21 de febrero de 2011

The lost balloon


El globo perdido, escondido u oculto detrás de la puerta, espera la mano que lo lleve de regreso a la fiesta, con los otros globos. Le da miedo tratar de salir solo. Un globo solo, sin una mano que lo guíe, corre el peligro de volar hacia lo alto, de perderse en el cielo para siempre, donde ya nadie podrá nunca más alcanzarlo.

Duxford


En el aeródromo de Duxford un actor -creo que era un actor, pero quizás era un soldado que hacía de actor- fungía de paracaidista de la 82nd "Airborne" (La división "All-American") en junio de 1944. Con un gusto por el detalle muy propio de los británicos y de eso que en las librerías londinenses llaman "Militaria Books", nos fue detallando los adminículos que portaba encima, su sentido y utilidad, así como algún que otro detalle escabroso para impresionarnos. En mi caso, lo consiguió de largo al explicar muy gráficamente cómo la pala plegable podía hacerse también servir para aplastar cráneos. No me corté un pelo y, rodeado de un auditorio de niños que se rieron al principio de mí pero luego fueron animándose, me acerqué después de la, llamémosla así, representación, y le pedí al actor-soldado o al soldado-actor que me dejara empuñar algunas armas originales. Así que ahora atesoro el peso y el tacto de la Thompson 45, de la famosa M1 de culata plegable de los paracidistas y del legendario M1 Garand (at the picture!) en mi memoria de fetichista bélico.
¡Lo que nos vamos a reir con mi psicoanalista!

lunes, 14 de febrero de 2011

City Road


Ahora no recuerdo quién fue, pero la cita era más o menos así: "La vida es eso que nos va sucediendo mientras nos empeñamos en hacer planes". Si hace veinte años alguien me hubiera dicho que yo acabaría dando clases de cine en francés en Alemania y mi hermano instalado en Cambridge (England), ilustrando a sus ilustres estudiantes sobre los misterios de las, así llamadas, enfermedades mentales, posiblemente le habría mandado a esparragar. Sin embargo, here we are, en el medio del camino de nuestra vida, desperdigados por una Europa en desconcierto, tratando de poner orden dentro de nosotros, una vez constatado el caos de ahí afuera. Pero la vida es justamente eso, lo que nos va pasando mientras hacemos planes. Tengo un apartamento con balcón al sur, dos sobrinos que son un encanto, unas cuantas ex-novias ex-encantadoras, una primera edición de "My 60 Memorable Games", la integral Bach-Gould, un refractor de 900 mm, algunos, muy pocos, atardeceres en Dakar o Budapest, un humidor repleto de habanos torcidos a mano y una Canon 550D recién comprada, que ya he disparado casi 2000 veces. A muchos les bastaría con eso y, sin embargo, yo no puedo desprenderme de un cierto malestar impreciso, la peregrina idea de que aún queda algo importante por hacer. ¿De dónde viene ahora esta nostalgia?

viernes, 4 de febrero de 2011

Egolf


Ordenando viejos papeles y recortes de periódico me doy de bruces con la foto de Tristan Egolf. Se trata de un recorte de El País anunciando su muerte en mayo del 2005. No recuerdo bien por qué guardé el recorte. La mirada del joven, entre inquisitiva e ingenua, me debió impresionar de algún modo. Buscaba en esa mirada el rostro de un suicida, pero no es posible encontrar vestigios de una tragedia futura en los ojos de alguien confiado. Egolf dejó tres novelas memorables y una historia personal de leyenda, con un puente en Paris, los pies desnudos de un guitarrista-escritor y la milagrosa compasión de la hija de Patrick Modiano como quiebro aparente al destino. "Lord of the banyard" se publicó en 1999 y hubo quien lo comparó con Faulkner, sin embargo el autodestructivo trayecto de su vida lo ha acabado equiparando más con esas otras figuras trágicas (Foster Wallace, Kennedy Toole) de la literatura americana para quienes el talento adquirió la forma perversa de una condena a muerte.