sábado, 24 de diciembre de 2011

Merry Christmas (at home)

"(...)Como no había visto a mis padres desde hacía tiempo, decidí bajar a pasar los días de navidad con ellos. Llamé y dije que llegaba, en casa apenas si hay que dar explicaciones. Mi padre vino a buscarme al aeropuerto y fui yo quien lo encontré, desorientado frente a una puerta de llegada incorrecta, mirándole el culo a una treintañera, desentendido del panel que anuncia las llegadas. Parecía un viejo que se había perdido y por un momento pensé que debería ser yo quien condujera el coche.
-¿Dónde te habías metido? - me espetó como saludo.
-He salido por la otra puerta. Te he encontrado enseguida. ¿Por qué no has contestado al móvil?
-Lo llevo casi siempre desconectado.
Mi padre olvida la contraseña del móvil y luego no puede volver a encenderlo. Suele escribirla en un papel, pero también suele perder el papel.
En el viaje hasta casa apenas si dijimos alguna cosa. Cometió tres imprudencias, una de ellas grave, pero realmente no debería juzgarlo yo. No tengo carnet de conducir.
Al entrar en el parking me di cuenta de que del techo caía agua y se estaba formando un charco en el suelo. Para evitar problemas hice como si no lo hubiera visto.
Mi madre estaba en la puerta para darme la bienvenida.
-Hola hijo- dijo al verme, y me dio un beso.
A veces la consciencia del paso del tiempo nos asalta de golpe. A mi me sucedió viendo el rostro de mi madre, sobrepuesto a los otros rostros que tuvo y que solo con mucho esfuerzo podría ya recordar. Los rostros viejos se fijan en nuestra memoria, mientras que los jóvenes tienen algo de pasajero que anuncia su decadencia, llevan al gusano dentro. La vejez tiene algo definitivo, irrefutable.
Fiel a su estilo, me preguntó si había comido en el avión y, sin darme tiempo a contestarle, fue a la cocina a buscar un plato de embutido que puso acto seguido sobre la mesa. Las palabras sobraban, así que hizo un gesto para indicarnos lo que esperaba de nosotros. Mi padre parecía de un humor de perros y probablemente lo estaba, pero eso no era ninguna noticia. Se sentó y empezó a comer con la desganada parsimonia de un quelonio.
Yo comenzaba a estresarme y trataba de combatir la pregunta que empezaba otra vez a formarse en mi cabeza, ¿cómo habíamos llegado a esto? Lo que más temía era que de un momento a otro encendieran la televisión.
-¿Es que tú no comes nada? - preguntó mi padre mientras mascaba una rodaja de chorizo.
- Ya me han dado en el avión y no tengo hambre - dije yo mirando al infinito. Dije “ya me han dado”. Yo en casa hablo así y no tengo idea de por qué.
La verdad era que me moría de ganas de probar el chorizo. Pero por alguna razón no quería dar mi brazo a torcer. Mi padre me miró con cara que de no entender nada y siguió masticando. Tampoco daba la impresión de querer entender algo.
Mi madre anunció su regreso con un “¿no te gusta el choricillo? Pues es del pueblo” bastante previsible. Ser del pueblo fue siempre en casa una categoría epistemológica que no requería mayores explicaciones, una especie de acuerdo tácito de excelencia. Sobre todo excelencia gastronómica. En el pueblo si que saben vivir bien. Supongo que por eso se vinieron ellos de allí a finales de los cincuenta. Estaban hartos de vivir bien.
Tras las atemperadas efusiones de la bienvenida, quedó otra vez claro que no teníamos nada que decirnos. Para olvidar esta obviedad, mi madre sacó más comida y mi padre, como me temía, encendió el televisor. Yo me dispuse a deshacer la maleta y me atrincheré en mi cuarto. Aún con la puerta cerrada, podían oírse las risas y los aplausos en lata de las emisiones preferidas de mi padre. Confuso, irritado, tomé al azar un periódico atrasado y eché un vistazo dentro. Leí esto: “Desmantelada un rifa que invocaba al Espíritu Santo para probar suerte. Madrid. Agencias. Agentes de la sección de control de juegos de azar han decomisado en Madrid 500.000 “cromos antológicos” de una denominada “quiniela cultural”, en el domicilio de José Alfonso Castilla-Trastamara y duque de Estrada, de 79 años. Castilla-Trastamara definió el sorteo como “procedimiento evangélico y apostólico, perfecto y justo e inefablemente apropiadísimo y seguro de Pentecostés. El procedimiento de la suerte, previa invocación de Espíritu Santo Paráclito, utilizando como base las cifras interesadas de los propios sorteos de la Lotería Nacional que, rectamente combinadas, nos darán, de fijo, nuestros propios números…” El presunto estafador no explicó a la policía de manera concreta el medio, forma y procedimiento de sorteo ni el de cobro por los clientes. Cada cromo iba a costar 2€. Por lo intervenido, la cuantía total de la estafa hubiera alcanzado la cifra de…” dejé el periódico sobre la cama. ¿Qué hora era? Estaba empezando a perder la noción del tiempo. Tenía que salir a la calle.(...)"

                            "Las flores del almendro" de Ambrosio Fúnez Endívil (2004)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Schnee


                La nieve se derrama sobre los tejados y las aceras con esa parsimonia que la naturaleza reserva para lo inevitable. No puede hacerse nada, solo confiar en que la cosa te atrape en las mejores condiciones y puedas percibirlo, básicamente, como una experiencia estética. Es mi caso, naturalmente, y no estoy solo. Conmigo se encuentra toda la sociedad occidental que, salvo mala suerte, suele contemplar las nevadas como un espectáculo servido de balde por la naturaleza. En otras latitudes la cosa es más complicada, pero desde mi ventana, tras el vaho del cristal, con una taza de Glühwein en la mano y Anner Bylsma sonando en el aire, todo parece una especie de milagro. La nieve como metáfora de una utopía de perfección inalcanzable, luminosa, evanescente. La nieve, que mañana se convertirá en un barrizal impracticable, repleto de peligros para viandantes y ciclistas, metáfora, ahora sí, más precisa, de lo que nos acecha bajo la idealizada belleza de la utopía.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Jornada de genuflexión


Los, así llamados, "dos grandes partidos" parecen solo competir en grado de ineficacia gestora, de insolvencia comunicativa, de flacidez ideológica. Se ha ido uno acostumbrando a votarle al que menos te desagrade, renunciando ya de entrada a que alguno te parezca remotamente atractivo. Si uno no tiene cuidado, vota ya sin darse cuenta "contra" alguien, como si votar "por" alguien (¡o algo!) fuera una utopía perfectamente irrealizable, una quimera de infantil simplismo. Lo único seguro es que los, así llamados, "dos grandes partidos", solo compiten en ver quién nos trata con más nauseabundo desprecio, quién se ríe más de nosostros, quién nos muestra mayor descaro y nos llama con más insolencia imbéciles en nuestra propia cara. ¡Para que le votemos! El partido en el gobierno gana en estos últimos años por goleada pero la, asi llamada, oposición, se apresta a desquitarse a partir del 20 de noviembre. Luego están los nacionalistas, más de lo mismo, pero envuelto en una bandera. Al nacionalista, como no podía ser menos, se le reconoce en seguida porque se envuelve en una bandera.  Nosotros (ustedes y yo) estamos en medio. O peor, debajo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Lord Protector´s Head

La foto de la entrada del 22 de julio está tomada en el Sidney Sussex College "The Sidney", a la salida de un concierto abortado de guitarra. Varias semanas más tarde, por pura casualidad, me enteré de que allí estudió Oliver Cromwell y que en algún lugar del College se encuentra enterrada su, supuesta, cabeza. El cadáver del "Lord Protector", tras su desenterramiento, juicio y ejecución “Post Mortem”, fue exhibido durante cierto tiempo en el infausto villorro de Tyburn, hasta que se le enterró en una fosa común en un lugar hoy desconocido. La cabeza corrió, según se mire, mejor suerte. Estuvo clavada casi 25 años en lo alto de una pica a la entrada de la Westminster Abbey -la carrera de Cromwell después de muerto es tan o  más fulgurante que en vida, de enterrado con todos los honores en la Abadía más importante de Inglaterra a clavarle la cabeza en un palo delante de la puerta de la misma abadía en apenas tres años- y luego empieza una de esas leyendas que tanto parecen gustarles a los ingleses. El farragoso tráfico de la reliquia a lo largo de los siglos incluye análisis científicos, rumores más o menos infundados, la aparición de otra cabeza (!) de Cromwell y la participiación como "argumentum auctoritatis" de Thomas Carlyle, quien aseguró que la cabeza- la primera, no nos perdamos- era auténtica. 
La reliquia termina sus días en un lugar ignoto del Sidney Sussex, en fecha relativamente reciente, finales de marzo de 1960, como atestigua la placa. La próxima vez que vaya trataré, al menos, de encontrar la placa (en la foto).

lunes, 31 de octubre de 2011

Call me Ishmael

"Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lluvioso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala. Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente. No hay en ello nada sorprendente. Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano."

                                       Moby Dick (1851), en la traducción del Prof. Valverde

Entrando en Noviembre.

jueves, 27 de octubre de 2011

"Marilyn, dernières séances"


La otra noche el insomnio o el miedo impreciso al sueño me pusieron delante del televisor como supongo que debe ponerse el alcohólico frente a la botella, dispuesto a olvidarse de sí mismo al precio que sea. La rueda de la fortuna, transmutada en mando a distancia, me obsequió con un documental sobre Marilyn Monroe titulado"Marilyn, derniéres séances". Yo ya sabía -mejor, algo en mí ya sabía pero yo lo había olvidado- que Marilyn tenía un psicoanalista y que la relación con él fue bastante conflictiva, pero no conocía los detalles. El documental era, justamente, sobre los detalles.
El principal de los detalles se llama Ralph Greenson y es su psicoanalista, además del psicoanalista de otros actores famosos. Da la impresión de ser un tipo de cuidado que quería acostarse con su paciente. En eso el afamado psicoanalista se parecía mucho al taxista o al quiosquero de la esquina y al 99% de los varones heterosexuales que poblaban el planeta a principio de los años 60 del pasado siglo. No queda claro si lo hizo o no, pero sí queda claro que para Marilyn no hubiera representado ningún problema y que ese era precisamente uno de los rasgos de su conducta que la estaban destruyendo. El psicoanalista grababa las sesiones y son esas cintas las que han salido ahora a la luz en forma de libro y, luego, de documental.
Ni pude dejar de verlo hasta el final, ni pude tampoco luego volver a dormirme. El amanecer, tradicional heraldo de esperanzas, me sorprendió tumbado en el sofa, en pijama, rumiando funestos presagios

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Smiley


Siempre me he imaginado a Smiley como alguien un poco parecido a  Henry Kissinger, no tengo idea de por qué. George Smiley aparece en cinco novelas como protagonista y en tres con papeles secundarios pero más o menos relevantes. Aunque su biografía sufre de alguna que otra inconsistencia, su apariencia física y los rasgos de su carácter, ambos anti-Bond, permanecen siempre inmutables. Se le describe como con pintas de "jefe de negociado" o, más cruelmente, de "rana con gabardina", como "estafado por su sastre", etc. Su aspecto físico es más o menos el de un cincuentón gordezuelo y gris vestido con ropa cara mal cortada, que se ocupa de tareas administrativas soporíferas en algún oscuro rincón de Picadilly, entre archivadores, mesas de despacho y eficaces secretarias asexuadas. Los retratos de su aspecto y maneras que encontramos no pueden ser más desoladores ni, por tanto, más elogiosos. Miss Brimley, al principio de "Un asesinato de calidad", es quizás la que mejor resume el secreto de Smiley:  "the most forgettable man she had ever met" o sea "el hombre más fácil de olvidar que  había conocido"
A George Smiley lo han interpretado en el cine James Mason, con su distante elegancia de general de la Wehrmacht, Denholm Elliott, pasmado como siempre, el avinagrado Alec Guinness (famosamente) y por último y al parecer muy bien, aunque tengo que verlo para creerlo, Gary Oldman. Ni Mason, Ni Oldman, (Elliott un poco, lo admito) ni, sobre todo, Guinness tienen rostros o maneras fáciles de olvidar. Son actores que incluso en papeles secundarios llenan la pantalla y dejan a menudo en nosotros un recuerdo más vívido que el protagonista.
La fama le llegó a LeCarré en el 63, con la publicación de su tercera novela. En ella Smiley tiene un pequeño pero importante papel. Martin Ritt, el de la "Blacklist", la adaptó al cine dos años más tarde y fue un exitazo con Richard Burton de protagonista. Pero quien interpretó a Smiley fue Rupert Davies, de quien ya nadie se acuerda. Y sin embargo Davies, que también fue el Maigret que eligió Simenon para la serie de TV,  es el mejor Smiley, precisamente, porque nadie se acuerda de él.



domingo, 18 de septiembre de 2011

La Conversación

Entre las dos primeras partes de "El Padrino", Francis Ford Coppola produjo y dirigió "La conversación" inspirada, según propia confesión, en "Blow Up". La película es una perla, oculta tras el brillo de otras producciones más famosas del americano. No obstante ganó la palma de oro en Cannes en 1974. Yo recuerdo haberla visto varias veces por televisión, la  primera a mis catorce o quince años. La música fue compuesta antes de que se rodara la película, utilizando a veces sintetizadores para distorsionar ligeramente el sonido grabado del piano, convirtiendo así al compositor de la banda sonora (David Shire, por cierto cuñado de Coppola) en una especie de imitador de Harry Caul, el personaje de Hackman, también cazador y manipulador de sonido y aficionado al Jazz. Caul, solitario irredento no se sabe bien si a causa de su estrafalario trabajo o viceversa, toca en un varias ocasiones el saxofón durante la película, siempre solo en su casa, como en una especie de ritual para aislarse y protegerse de su amenazador entorno cotidiano. La escena final de la película, que no desvelaré, es el resumen perfecto, destilado, lógico, de la paranoica existecia de Harry Caul.
La hipnótica banda sonora  se me quedó grabada en la memoria, asociada a paisajes urbanos nocturnos,  a insomnio, a secretos inconfesables, y una vaga forma de introspección paranoide que la soledad noctámbula suele alimentar en mi a nada que me descuide.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Terapéutica del psicoanálisis

El verdadero, sutil efecto de su psicoanálisis se manifiestó cuando empezó a pensar que no le había servido de nada y que, después de tantos años, ya iba siendo hora de terminar con aquella carísima bufonada narcisista.

Y le puso fin.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Saturday Night Law

En el panteón del macarrismo Tony Manero ocupa un lugar de merecido privilegio. Después de hacer su entrada en la historia del cine en el 77 con un  paseo por Brooklyn a ritmo de Bee Gees (la, por siempre inmortal, "Staying alive", himno de la subtipología hortera del macarrismo), mirando con mesurada equidistacia de especialista el tacón de los zapatos y el culo de las tías, Manero establece un arquetipo que proyecta su sombra y su dominio sobre las discotecas y los fines de semana del planeta, de Moscú a Marsella por decirlo así. Miles de macarras (¿qué digo miles? ¡millones!) quieren ser Tony Manero y la película de Badham (que no es tan, tan mala) se convierte en un exitazo. El cuero y la laca, la camisa ajustada y abierta y de cuello alado, el pantalón aún más ajustado, marcando paquete, las sortijas y las cadenas con medalla, los zapatones puntiagudos, el bamboleo vacilante y vacilón, como de alguien que no puede estarse un segundo quieto, el hombre anti-tranquilo, presto siempre a iniciar la danza o la huida. Hay, bien es cierto, una tipología y una etología del macarra que sería fatigoso y un punto inapropiado detallar ahora. Bástenos constatar que quien esto escribe ha padecido algún que otro especimen de esta extendida fauna urbana de modo más o menos directo, y nunca ha podido dejar de admirarse de la sagaz forma que la naturaleza adopta en ocasiones para asegurar la perpetuación de las especies.
Porque el hecho desnudo de oropeles y teorías es que a todas las mujeres les gustan los macarras.
Puede que algunas no lo sepan todavía o que lo ignoren a conciencia, pero el macarra sí lo sabe -de hecho eso es lo único que sabe de cierto, el nucleo duro e indestructible de toda su energía macarrista- y armado de ese conocimiento esencial ejerce, implacable, la ley del sábado noche.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Jünger zum Einmarsch

Acaso mi Blog preferido sea "El aprendiz al sol" de José Antonio Montano. Como todo el mundo, descubrí a Montano entre los comentarios del viejo Nickjournal de Mister Sword. Entonces nadie sabía que era Montano, todos le conocían con el eufónico sobrenombre de "Atleta Sexual". Solo puedo decir que, como raramente sucede, sus textos estaban a la altura del pseudónimo y a menudo incluso lo superaban. Montano, que parece residir en un barrio algo apartado del centro en Málaga, anda últimamente leyendo diarios de escritores, vuelve una y otra vez a Montaigne, se mete con certera elegancia y con afecto con el siempre pagado de sí mismo Mr Sword y tiene una querencia tan conmovedora como paliza por todo lo brasileño. En fin, todo esto para decir que no hace mucho se produjo una extraña coincidencia a propósito de Jünger. Debe de ser la edad o lo que antes se llamaba "las circunstancias de la vida", pero el caso es que a mi también me da por volver regularmente a Jünger, probablemente con menos aprovechamiento que Montano. Esta no poco mortificadora constatación puedo suplirla, sin embargo, con el casi milagroso hecho de leerlo en alemán - al menos en algo le gano a Montano- y no en la solvente traducción del siniestro, pero muy profesional, Sánchez Pascual.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Falling in September

Te levantas a las 6:30 de un martes cualquiera para ir al trabajo. Pones la cafetera, un par de tostadas y enciendes la radio antes de entrar en la ducha. Luego desayunas en albornoz y con el pelo mojado, escuchando puerilidades y preguntándote si tu jefe tendrá un buen día y te dejará salir hoy un poco antes, porque quieres ir al cine con una amiga. Sales de casa 10 minutos antes para evitar la hora punta en el metro y las aglomeraciones, te gusta llegar un poco temprano al trabajo y disfrutar de los escasos minutos de calma antes de comenzar la jornada. A las 8:30 ya estás trabajando, metido de lleno en tu diminuta vida laboral de cada día, ocupándote de mesas y clientes en el penúltimo piso de un rascacielos en una ciudad importante. Eres un ciudadano anónimo más, un camarero al que nadie conoce ni conocerá nunca.

Apenas un cuarto de hora más tarde un avión de pasajeros se empotra contra el edificio.

No mucho después, desesperado y sin salida, sabiendo que lo único que resta es elegir entre dos muertes atroces, saltas al vacío desde más de 300 metros de altura.  

Un tipo llamado Drew, que es fotógrafo, toma una foto de tu caída. La foto da la vuelta al mundo y se convierte en el símbolo de algo, aunque no se sepa bien de qué. Puede que incluso sea arte.

Todo es exactamente tan absurdo como parece.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Léautaud


La foto de Cartier-Bresson muestra a un viejo enfurruñado vestido de personaje de Beckett. La voz del viejo, escuchada luego en youtube y leida en sus inabarcables diarios, no desmiente para nada esa primera impresión.
Caí por casualidad en Léautaud en una de las paradas de libros de la Rue des Hallebardes en Estrasburgo. Vi el lomo azul de un "Mercure de France" de título misterioso y me puse a ojearlo. Se llamaba "Le Fléau: Journal particulier 1917/1930" y era un diario íntimo y algo desconcertante que me resultó en seguida familiar. Familiar por el tema -había episodios humillantes, grotescos, hilarantes y hasta sórdidos que parecían sacados de mi propia vida- y por el tono, ese equilibrio tan ajustado y tan francés entre Logos y Eros en el que tanto me reconozco.
El libro me contempla ahora, años después, a poca distancia de donde escribo esto. Luego he ido sabiendo cosas del personaje y, como era previsible, el retrato de Cartier-Bresson le hace justicia.
He buscado también una foto de Anne Cayssac, claro.
Sin resultado. (Pero no desfallezco)

viernes, 26 de agosto de 2011

Chinatown


En "Chinatown" todo es negro. La vida de sus protagonistas es una pesadilla, la de todos ellos, desde los ricos Cross, hasta el desdichado italianini Curly (sublime Burt Young, como siempre), desde el pobre marido de Evelyn, hasta Escobar, recien ascendido a teniente y enfangado y estragado y asqueado por un trabajo que le supera y le destruye. Incluso Goldsmith es negro. El tema de la película ha quedado como un icono de la música de cine negro, saturniana, embelesadora, narcisista y noctámbula, dulzona hasta la amargura. Y Gittes. Trato de recordar un Nicholson mejor y no lo encuentro. Gittes y su mirada, no perdida sino reencontrada, al final de la película, cuando los sueños se han desvanecido otra vez, recién despertado en la ominosa pesadilla del barrio chino, en el centro de su némesis. Al final de la película entendemos con Gittes que el destino (Polanski) le ha conducido de manera inexorable otra vez hacia Chinatown, de dónde esta vez ya no podrá salir. Ni nosotros tampoco.
La negrura de las películas de Polanski son el toque del maestro, desde siempre, pero mucho más tras "lo ocurrido".
Al final nosotros también comprendemos que Polanski es Gittes y que, como él, tampoco conseguirá nunca escapar de Chinatown.

domingo, 14 de agosto de 2011

La crisis del 29


Olvidamos a menudo que el definitivo final de la crisis del 29 se conoce con el nombre de II Guerra Mundial.

martes, 9 de agosto de 2011

Iquique, 28-30

Supongo que la alternativa eran las barracas del Carmelo o del campo de la Bota, las Casas Baratas, el barrio de La Trinidad, Montjuic... acabaron en el barrio de la Salud, entre Llefiá y Artigas, en un terreno vago antes de llegar a Badalona. Era aquella casa primera un lugar oscuro que tenía algo de madriguera. La puerta de entrada daba directamente a la calle, sin pasillo ni zaguán alguno, quedando uno o dos escalones por debajo de ésta, y mis recuerdos fragmentarios incluyen un patio luminoso de tierra al fondo de un corredor, y una cocina destartalada con apenas agua corriente. No sé qué hay de verdad en esos recuerdos, qué mezclo con qué al evocarlos. No sé siquiera si llegué a vivir allí o si todo lo que conservo son las imágenes de las visitas posteriores. Luego y por poco tiempo, vendría la casa de la avenida de Alfonso XIII, también compartida e incómoda.
Pero sí guardo un recuerdo claro de la calle Iquique. El piso alquilado que consideré por primera vez "mi casa". Era la puerta de la derecha del primer (y único) piso. Uno entraba casi directamente en el salón. A la derecha quedaba la cocina, alargada y estrecha, con apenas luz y al fondo de ésta un lavabo-lavadero del que guardo ingrata memoria. Frío, oscuro, húmedo, lo asocio con suciedad y amenaza y miedo a las arañas, algo que prefiero no recordar. Luego una minúscula habitación, con la vieja televisión Zenith, en la que ví la estupefaciente e inolvidable historia del León-Cordero Lambert, una Navidad de finales de los 60. Creo que fueron las primeras imágenes proyectadas que me emocionaron.
En la pared opuesta del salón estaba la habitación de mis padres, pintada de azul más o menos celeste y amueblada en esa especie de formica inevitable a la idea de interiorismo de mi familia. Recuerdo siempre periódicos en el suelo, al lado de la cama, una costumbre que ahora yo también tengo. Mi padre leía entonces un periódico que acabaría quebrando y que tenía nombre de periódico de tebeo: "El Noticiero Universal" (diario de la tarde). Usaba la abreviación "Noti" para referirse a él. Durante años supuse que "Noticiero" y "Periódico" eran sinónimos.
Me gustaba por dos motivos infantiles, su pequeño formato y las letras de su cabecera, que eran letras de película del Oeste, las mismas que se usan para escribir "Saloon" o "Fort Randall". Era una cosa muy rara, en efecto.
Al fondo del salón, a la derecha, estaba mi habitación. No quisiera equivocarme, pero me temo que no tenía ventanas. La recuerdo negra como la boca del lobo y tengo todavía muy clara en la memoria la cama en la que dormía con una colcha a cuadros azules y blancos, y una pequeña flor bordada en el centro de cada cuadro. Recuerdo también que a menudo había poblemas con la lámpara, quizás por eso asocio mi habitación a la oscuridad.
El último espacio colonizado por mi infancia es del que tengo mejor recuerdo. La enorme terraza que había sobre la casa, siempre soleada. A veces subía para ver llegar a mi padre del trabajo, otras era para acompañar a mi madre a tender la ropa o hacer la colada. Pero la terraza significaba sobre todo un espacio de infinito juego. Desde ella lancé innumerables paracaidistas que a menudo se enredaban en los cables del teléfono que siguen estando ahí, a dos metros del edificio. Luego, sus cuerpos de plástico quedaban colgados durante semanas o meses frente a la ventana, inalcanzables, a menos de tres metros de mi angustiada mirada, reprochándome con heroísmo su hazaña baldía.
Ayer a media tarde fuí a echar un vistazo y hacer unas fotos. Ahí sigue ella y aquí sigo yo, ambos 40 años más viejos. No había fantasmas, sólo dos contenedores de basura, puestos con mucha mala leche o incompetencia (es lo mismo, la incompetencia es la mala leche del destino) frente a la puerta de entrada. “El hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo…”

domingo, 7 de agosto de 2011

Turritopsis nutrícula

El proceso se llama "transdiferenciación" y consiste, básicamente, en retornar al estado celular indiferenciado originario a partir de un organismo pluricelular ya diferenciado. Luego la célula indiferenciada o madre vuelve a crecer hasta formar de nuevo el organismo pluricelular, sin modificación de su genoma. Si no es interrumpido desde el exterior de forma traumática, el proceso no tiene un final conocido. Tras haber envejecido, el organismo gobernado por él rejuvenece. Se puede así decir que es, literalmente, inmortal.
Que se sepa, sólo existe un ser vivo capaz de hacer eso. La medusa cuyo abstruso nombre encabeza esta entrada. Tampoco se sabe bien qué desencadena el proceso de la, así llamada, "ontogenia inversa", pero parece obvio que se produce para escapar de la muerte. En los artículos que he leído se habla de "situaciones de estrés" o "spawning", que para mi más absoluta estupefacción se traduce como "freza" (sic).
La gran revolución en genética está por llegar y se producirá en el próximo siglo. But who wants to live forever?
Hay un excelente cuento de Carpentier en el que los cirios crecen y que prefigura esta perturbadora observación científica. Se titula "Viaje a la semilla" y empieza: "¿Qué quieres, viejo?..."
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/carpen/viaje.htm

sábado, 6 de agosto de 2011

La muerte del dietista


AP (Paris).
El famoso dietista Louis Ferdinand Biennourri fue hallado anoche muerto en su apartamento del barrio de Montmartre, en Paris. Bienourri, se hizo famoso a mediados de los años 90 al proponer una dieta drástica y radical que alcanzó un gran éxito entre amplios segmentos de la población con problemas de sobrepeso. Como se recordará, la muerte repentina de varios seguidores de su dieta, conocida con el nombre de "Sans Limite" (Sin límite), generó una gran polémica en Francia y provocó un proceso contra el dietista, abriendo un amplio debate en toda Europa acerca de los beneficos y los perjuicios de las "dietas milagro". Bienourri, que siempre había ofrecido su asesoramiento dietético en programas de radio o a través de internet, causó sensación al mostrarse en público por primera vez en el juicio contra su persona. El dietista, con un peso estimado de 170 kilos, aseguró que gracias a su dieta había reducido sus impulsos bulémicos hasta conseguir alimentarse de modo equilibrado y sano, y que lo que había sido beneficioso para él también podía serlo para millones de personas con sobrepeso.
Desde su absolución, Bienourri redujo sus apariciones públicas hasta casi desaparecer de los medios de comunicación. Sin embargo y aunque apenas existían noticias sobre él, continuaba siendo una referencia en el mundo de la nutrición y sus consejos dietéticos eran seguidos por miles de personas desde su blog "Maigrir ou mourir" (Adelgazar o morir).
El cadáver de Bienourri no presentaba signos de violencia y, a la espera del resultado de la autopsia, fuentes bien informadas han apuntado como causa más probable del deceso una "indigestión implosiva".
El cuerpo del malogrado dietista sigue en su apartamente a la espera de que las autoridades desplieguen un plan logístico para su transporte e inhumación. Los rumores sobre el inminente despiece son, al parecer, infundados.
En declaraciones exclusivas a este periódico M. Sucré, dueño de una de las más reputadas pastelerías de Montmartre, se mostró desolado al conocer la noticia y añadió "esto significa mi ruina, ni más ni menos."


viernes, 22 de julio de 2011

History is now and England


Ya a la entrada de cualquiera de los Colleges se percibe el gusto por lo teatral de los ingleses, la importancia inmensa que en esta sociedad tiene eso que podemos llamar, sin entrar en más disputas, "representación". La representación es una forma, es una forma de "guardar la forma", un "hacerse cargo" de algo. Ese algo es la tradición. Desde la ceremonia de la coronación en Westminster Abbey, hasta el canto del "You´ll never walk alone" en las gradas de Anfield Road, todo en Inglaterra representa, de uno u otro modo, la tradición. "History is now and England".

miércoles, 20 de julio de 2011

Tras el cristal


Es el nombre de la primera película de Agustí Villaronga que vi. Sordidez, imágenes inteligentes y elaboradas, guión algo abstruso, niños traumatizados, sexualidad reprimida, nazis y torturas mengélicas incluso. Villaronga no parece haber cambiado mucho desde entonces, si se atiene uno a "Pa negre"...
Se me quedó también grabado el título que describe una especie de estado de ánimo que hace inaccesible el mundo, que lo "deja fuera" e imposibilita participar... De algo parecido habla Sylvia Plath en su novela titulada no por casualidad "The bell jar". Como una erradicación completa y definitiva de cualquier vestigio o forma de entusiasmo, que vuelven al mundo incomprensible e inimaginable, ridículo e idiota.

martes, 19 de julio de 2011

Resentimiento


La marca de la mezquindad y la pobreza de espíritu es el resentimiento. Ante las ofensas y desdichas que el destino o los demás nos impongan, sólo hay dos respuestas adecuadas, acordes al carácter que quisiéramos suponernos: la generosa aceptación, con todo lo que ello nos suponga (el controvertido "amor fati" del bueno de Federico), o el desprecio, el desprecio olímpico. Extrañamente creo que ambas son lo mismo, las dos caras de una misma actitud para la cual no hemos aún encontrado una palabra.

The veil of Maya


Esta madrugada, durante mi meticuloso y ¡ay! no poco neurotizado ceremonial del desayuno, frente a la minúscula pantalla reverberante que me está fundiendo la vista, con mis pocos, pero doctos, libros juntos, en esta cocina sacada de no se sabe qué revista de interiorismo para desnortados en la que acampo cada mañana, justo en el Lavazza-Satori, he podido ver el velo de Maya, del que todos hablan. Y no solo verlo, incluso le he hecho una foto...

miércoles, 13 de julio de 2011

6 Harvey Road


Tratando de informarme -vanamente- sobre la, así llamada, "crisis económica" vengo a caer sobre algunos comentarios acerca de Keynes y de sus ajustadas predicciones sobre la crisis alemana tras la guerra. Durante unos años, tras la Gran Guerra Keynes trabajó con solvencia en el departamento divisas del Tesoro (hay una deliciosa historia sobre la compra de pesetas que hizo en la España de Alfonso XIII, y que afianzó aún más su fama de agudo analista), tuvo enconadas disputas académicas durante largo tiempo, hasta que la victoria en su polémica con Hayek y la adopción de sus teorías en las políticas socioeconómicas de la Europa de la posguerra lo encumbraron como el economista de referencia de la socialdemocracia y, aunque de tapadillo, de las variadas democracias cristianas que iban aflorando en el continente tras el final del nazismo. Se le veía como una alternativa razonable al bolchevismo y los planes quinquenales. Keynes tiene, además, una personalidad exhuberante, una vida llena de anécdotas y nunca deja de dar un poco la impresión non-chalante de que, si se dedicaba a esto de la economía, era sólo por distraerse, que a él lo que le interesaba de verdad (como a nosotros!) eran las cosas importantes...
Caí luego en la cuenta de que Keynes no sólo estudió en Cambridge -fue otro de los afamados y secretos "Apostles"- sino que también nació aquí. No se tarda demasiado en encontrar la dirección de su antigua casa familiar, si se busca con algo de método. Y me fui a dar un paseo hasta la puerta. Sorprende lo poco señalada que está. Hay una pequeña plaquita, apenas visible y de un color cobrizo, puesta por una sociedad americana no hace demasiado (¡en los 90!), pero nada que pueda de verdad anunciar o ayude a conmemorar que en esa casa nació uno de los padres de la economía moderna. Quizás sea otra sutil venganza de los austríacos contra el advenedizo middle-class que quiso oponérseles. Sea como sea no pude resistir la tentación de la "cámara subjetiva" fruto de la lectura mañanera de la entrada "Con los ojos del profeta" del magnífico "Blog del Ausente". Una gran ayuda para mi trabajo actual. Esos que se ven ahí, son los escalones que el niño y el adolescente John Maynard Keynes veía y bajaba cada mañana al salir de casa.

viernes, 8 de julio de 2011

To let


Fue lo primero que me saltó a la vista al llegar esta vez a Cambridge. Ni bicicleta, ni visillos, "to let". Ni rastro de los antiguos inquilinos. La imagen de la chica sonriéndome en la ventana, con la cortina ladeada, mientras yo fotografiaba su bicicleta, me ha visitado a veces en los últimos meses. Uno se consuela con fantasías, con deseos que sabe delirantes pero mitigan su extrañamiento del mundo. Uno se dice "bien que de manera bizarra, en forma de sombras y de sueños y de fantasías y de deseos inalcanzables, aún formo parte del mundo, aún estoy en él", sin embargo basta un cartel inmobiliario y una casa vacía para volver a poner las cosas en su sitio.

miércoles, 6 de julio de 2011

Forno al Fresco en Mezzanotte


Salgo a cenar y mientras los luteranos del norte van abandonando las mesas a medida que nos adentramos en la noche, mi nature y mi nurture permanecen impertérritas y fieles, bebiendo grappa y fumándose el habano hasta la perilla. El local me trae algunos recuerdos que la grappa añeja devuelve al baúl, pero tienen unos precios y un horno de leña de los de antes, y la más simple de las masas de pizza sabe a cuando entonces. Así que sigo viniendo de tarde en tarde pese a los fantasmas. Nos vamos quedando solos y veo que alguien está detrás del horno con algo que parece un pincel en la mano.
Hice una serie de fotos sin el menor rubor ni la menor pregunta y no hubo problema. Es la primera vez en mi vida que he visto pintar al fresco. Lo pintado no era gran cosa, pero ver el cuidado que, con tan poca luz, ponía el pintor en cada trazo, sumido en el irreal ambiente de una Trattoría medio vacía a medianoche, fue algo de lo más inusual, como si todos representáramos sin saberlo una tragicomedia más grande que nosotros.

sábado, 2 de julio de 2011

K


"No hay manera de alcanzar una mínima armonía sin saber administrar las distancias, de cualquier tipo que estas sean. La distancia no es una variable física. (...)
Las distancias más vastas, las más insalvables, están a menudo dentro de nosotros. (...)
Algunas personas llegan a nuestra vida para quedarse, aunque se hayan ido."

"Dejando atrás el futuro" (Andrei Rotov, 1977)

jueves, 30 de junio de 2011

DSK


Javier Marías publicó hace unas semanas un artículo en el que trataba de poner algo de orden en el "récit" del caso DSK. "La historia doblemente increible", publicado el 12 de junio, señalaba desde la perspectiva del literato la inconsistencia de la historia, publicada sin mayor problema por las mayoría de los medios. A Marías le interesaba la verosimilitud del relato y en las escasas líneas de su culumna dejaba claro que lo narrado no era nada verosimil, no se tenía en pie. Lo "noticiable" había barrido no ya a la verdad o falsedad de lo narrado, sino incluso a su verosimilitud. Bastaba detenerse con un mínimo de detalle en los hechos transmitidos por los medios, para darse cuenta de que nada encajaba. Pero ni eso se hizo. El artículo de Marías fue el primero que leí donde no se trataba de estar "a favor" o " en contra" del acusado sino, simplemente, de estructurar una relato coherente y verosimil de lo sucedido. De la mayor o menor imposibilidad de lograrlo depende la credibilidad del que cuenta la historia y, sobre todo, la credibilidad de la histoira misma. Un buen escritor sabe eso de sobra, por eso a Marías le había llamado la atención un argumento tan inconsistente.
Ayer liberaron a DSK. Habrá ahora "mea culpas" y palinodias, reclamaciones a los medios y a la justicia, demandas y querellas variopintas. El culpable es ahora inocente y los bandos se han trocado. Seguirá habiendo quién considere la nueva situación injusta, DSK era antes la víctima de una obscura conspiración, ahora un millonario poderoso que compra el silencio (¡o la locuacidad!) de su víctima con su falange de abogados, o bien antes era un ejemplo perfecto del engrasado funcionamiento de las intituciones americanas, que no hacen distingos entre clases sociales o grupos de presión, y ahora una víctima de la arbitrariedad judicial o del abuso de poder de un fiscal del distrito.
Pero lo más llamativo es la cuestión de la verdad. Es decir ¿qué ha pasado "de verdad"? Pues bien, ya no podremos saberlo. Seguirá el bombardeo de noticias sobre el caso, pero a una afirmación seguirá un desmetido y a éste otra réplica más o menos sólida, y todo ello traerá como consecuencia que nunca sepamos qué ha sucedido realmente e incluso si un día acaba por fijarse una "versión definitiva" de los hechos, esta quedará siempre un poco en suspenso, puesto que nunca podrá descartarse del todo "nuevas revelaciones" que arrojen "una nueva luz" sobre el asunto.
Nunca antes hemos tenido tanto acceso a la información, una inmediatez tan definitiva acerca de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, y tampoco nunca antes han sido las informaciones menos fiables o fidedignas. Separar la propaganda de la manipulación o, simplemente, del error, resulta imposible para el ciudadano medio quien, además, lo asume como inevitable o "normal". No dejan de contarnos lo que está pasando y sin embargo nadie sabe lo que pasa. Señalemos algo obvio: muy pocas veces podemos comentar lo que pasa, a lo sumo, comentamos lo que alguien nos dice que pasa. Los hechos y las opiniones se confunden en nuestra cabeza y, lo que es mucho peor, fuera de ella. Y de ese escándalo, nadie se queja. Sin periodismo de calidad no hay libertad ni posibilidad de un mínimo juicio o valoración de lo que ocurre. Sin eso, llamar "información" a lo que con tanta generosidad se nos ofrece es, en el mejor de los casos, un sarcasmo.

jueves, 23 de junio de 2011

Indignados I

Los "Indignados" son la cristalización de un descontento que va mucho más allá de la, así llamada, crisis económica. Un descontento que no puede solventarse en las dos patadas con las que se solucionan famosamente los problemas en las barras de los bares españoles. No se sabe si los, así llamados, "indignados" son muy conscientes de esta verdad palmaria. Pero un anhelo emerge y hay ganas de cambiar las cosas porque sentimos que esto es una estafa y que, además, se está viniendo abajo y va a arrastrarnos en su caida. ¿Puede construirse algo sólo sobre eso? Depende. Depende del consenso.
Lo que hay, la asamblea, como órgano de crear consenso no parece demasiado fiable pero, de momento, no hay otro. La plaza -el Ágora- como centro de la política adjetivada con esa palabra tan misteriosa, "real". ¿Son los indignados "revolucionarios"? ¿Es una (¡la!) revolución lo que buscan? De momento reniegan de la violencia, lo que produce una turbadora sensación de candor y les aleja de los revolucionarios clásicos (Gandhi no cuenta, Gandhi es para nosotros lo que Juan Belmonte para los benareses). Además, las revoluciones le han dado pocos frutos al árbol de la libertad y siempre después de haberlo regado con enormes cantidades de sangre. Todas las grandes masacres de la historia las han cometidos hombres salidos de revoluciones. Y la revolución más modélica es, aún hoy, aquella que más suspicacias despierta en europa, la revolución americana que parió los Estados Unidos. Pero nadie da nada gratis, sobre todo quienes lo tienen todo.
Hasta ahora, el único que ha tomado en serio a los, así llamados, "indignados" ha sido Felip Puig y su porra. Los otros los cortejan en mayor o menor medida. Señal inequívoca de que no son ni se les percibe como una amenaza o, al menos, no se les percibe como una amenaza incontrolada. De momento.
En la plaza no hay consenso más que en lo primario, en que estamos fatal y queremos estar mejor. Pero ¿hay más? Una vaga sensación de despertar y un hartazgo, también un cada vez más evidente intento de manipulación y desprestigio de las concentraciones. Para empezar no es poco pero para continuar no basta. Expectación en la grada y, poco a poco, ganas de bajar al campo, a ver qué pasa...

martes, 14 de junio de 2011

Memoria de Borges

Los Enigmas

Yo que soy el que ahora está cantando
Seré mañana el misterioso, el muerto,
El morador de un mágico y desierto
Orbe sin antes ni después ni cuándo.

Así afirma la mística. Me creo
Indigno del Infierno o de la Gloria,
Pero nada predigo. Nuestra historia
Cambia como las formas de Proteo.

¿Qué errante laberinto, qué blancura
Ciega de resplandor será mi suerte,
Cuando me entregue el fin de esta aventura

La curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,
Ser para siempre; pero no haber sido.

de "El otro, el mismo" (Buenos Aires, 1964)


"Nueva antología personal", publicada en una editorial que ya no existe y comprada en un kiosko de barrio la primavera de 1980, en mi fantasmal adolescencia. Recuerdo la disonancia entre la foto del viejo feo y sonriente de la portada, cuyo rostro parecía pensado para disuadir al comprador, y los luminosos textos que las hojas custodiaban. Mi memoria atesora todavía algunos de los versos leídos por aquel adolescente desnortado y medroso que desconcertaba a los adultos con una impostada suficiencia (que todavía cultivo
a mi pesar), fruto del miedo a ser descubierto, como supongo que son todas las suficiencias. Luego de ese Borges casual de kiosko, vinieron otros, ya buscados, en librerías de viejo. Muy pronto me hice con una flamante edición de su "Obra poética", que alcanza sólo hasta 1977. Luego los ensayos y los relatos y el último hallazgo, el Borges oral, el de las nueve noches, el Borges más genuino y misterioso, lograda ya la victoria sobre la timidez enfermiza. Borges como brújula de salida de una infancia que se estaba prolongando más de la cuenta, porque el niño ya sabía con certeza lo que le esperaba fuera. Pienso (ya lo he pensado) que a Borges le hubiese gustado la idea de revelarse en un kiosko de la periferia, una de las formas del arrabal. Pienso (ya lo he pensado) que es también él quien me señaló la eufonía de la palabra "urdimbre".

jueves, 2 de junio de 2011

UFC (Unknow Flying Cow)


El cielo es una promesa de infinitud, un vuelo posible, una huida o una escapada y también una incertidumbre. "Ein moderner Mythus - Von Dinge, die am Himmel gesehen werden" se titula el último libro de C.G.Jung, dedicado a los OVNI como proyecciones del inconsciente colectivo. Desde siempre hemos visto cosas extrañas en el cielo y desde el cielo, desde lo alto, nos han ido llegando los mensajes más transcendentales, las embajadas más definitivas. Es el cielo el que ha gobernado la tierra. Así que no es extraño que, al elevar la vista, veamos en él todos nuestros miedos. Hemos dejado de creer en un absurdo estético, trenzado con paciencia de amanuenses y custodiado en pergaminos e incunables, para entregarnos a la fe tecnológica de los platillos volantes, a la redención desesperada de los hermanos del cosmos. La fe en la vida extraterrestre es el up grade de la fe en los ángeles - que vuelven a estar de moda, por cierto -, la fe en el único ángel, en el ángel de la guarda. Esa es la famosa metafísica para metecatos de la que habla Adorno y en la que estamos sumidos. El ciudadano medio es un creyente, basta salir a la calle y comprobarlo, pero antes creía en mitos gran reserva y ahora le sirven sus nuevas creencias en Tetra Brik. ¿Hay, en el fondo, una gran diferencia?

martes, 31 de mayo de 2011

En la casa del padre


El olor a rancio ya en la puerta del vestíbulo o en la cocina, la ropa amontonada en armarios repletos, los libros, apilados con abandono en lugares inverosímiles, o en estanterías hechas a medida en madera de mala calidad, el ruido, el peremne ruido de la carretera infame, incrustado en los tímpanos desde la infancia, del que me fui liberando minuciosamente también al emigrar, el televisor, incesante divinidad maligna, emitiendo sin pausa desde su altar mefítico, fagocitando espíritu como un agujero negro para las almas. La deprimente tristeza, tan neurótica, que todo lo impregna con una sensación viscosa de fracaso y abandono y desolada impotencia. La impresión física de encontrarse exactamente en medio de un naufragio. Bienvenido seas, de nuevo estás en la casa del padre.

lunes, 30 de mayo de 2011

Jed Bartlet


He incurrido hace poco tiempo en una nueva adicción. Se trata de la serie "El ala oeste", que emitió la NBC entre septiembre del 99 y mayo del 2006. El "creador", Aaron Sorkin, es el responsable de la idea, aunque los guiones originales se los reparten una treintena de nombres, que me son absolutamemnte desconocidos. La serie vive de una ficción original y compleja: el nuevo presidente de los Estados Unidos, Jed Bartlet, acaba de tomar posesión de su cargo y nosotros asistimos desde dentro a todo lo que ese inmenso poder comporta, al despliegue de su carisma de padre autoritario pero comprensivo y siempre agudo e inteligente (¡es premio nobel de economía!) y vamos conociendo a quienes componen el nucleo duro de su equipo de gobierno, hombres y mujeres en la sombra que le asesoran y en quienes se apoya para tomar las decisiones. La cosa tiene un tufillo propagandístico considerable, y no puede dejar de caer en las típicas trampas sentimentaloides, pero la verdad es que, al mismo tiempo, el personaje de Bartlet - interpretado con contenida maestría por Martin Sheen - resulta con cada episodio un poco más creíble y, al final, acaba por resultar convicente. Además toda la serie está impregnada de un humor caústico y de una ironía con diversos grados de sutileza que resultan muy adecuados para la imagen que uno, modestamente, se hace de los pasillos de la Casa Blanca y el Capitolio. Si las cosas no son así, la serie logra que parezca que lo sean. Todo eso pensaba la otra noche, al irme a la cama tardísimo, tras haber visto el sexto capítulo de la primera temporada. Y luego pensé en los Bush. Los judíos de Hollywood y la familia Bush. y el inmenso daño que la serie debió de hacer a su imagen y, por ende, a su presidencia. Bush, sobre todo el hijo, pero también el padre, es el anti-Bartlet. Los Bush, de quienes se hacía el chiste de llamarlos "Bush, the bad, and Bush, the worst", para diferenciarlos. Los Bush, petroleros tejanos con aire de paletos y el carisma de un poste de telégrafos (si es que todavía existen). Durante una buena parte de su mandato, entre 2001 y 2009, G.W. Bush tuvo que soportar en la televisión a un presidente que era su antítesis y cuya sombra ficticia le dejaba continuamente en evidencia.

domingo, 29 de mayo de 2011

Aquest any... també!


Hay algo profundamente verdadero en el deporte, algo que no puede esconderse o manipularse. El esfuerzo físico, como cualquier otra destreza, tiene una inmediatez insobornable, gloriosa. El diestro despierta admiración. Después está lo de la tribu, por supuesto. Imagino que no puedo hacer nada contra el hecho de ser del Barça. Además, ¿por qué demonios debería hacer algo? Vengo de un tiempo y de un lugar en el que las magras victorias se celebraban como apoteosis y las derrotas verificaban nuestro hado siniestro, la indefectible constatación de estar "cagados por la moscarda", en legendaria expresión de mi no menos legendaria abuela, un tiempo en el que no podíamos sacudirnos el pútrido aroma de la desdicha, la queja constante, narcisista, autocomplaciente, del sufridor eterno. En algún momento misterioso - los expertos no se ponen de acuerdo- eso cambió y nos encontramos desde entonces viviendo un sueño. Un sueño colectivo y admirable, al que mi generación se había resignado a renuciar. Estar arriba, arriba, arriba... y merecerlo.

jueves, 26 de mayo de 2011

Ein ehrlicher Man



Kertész, los "Diarios de las Galeras" (o como lo hayan traducido): "Un hombre sincero, lo es hasta cuando miente; miente sinceramente." En efecto existen diversas formas de mentir y la mentira suele asociarse a la cobardía moral, a la flojera de carácter y al escapismo. Pero existe una mentira fruto del valor, de la presencia de ánimo, una mentira que nace de la reciedumbre de carácter. Esa mentira es rara y siempre consciente, presta a aceptar las consecuencias, es una mentira coherente y nada "piadosa". De esa mentira están hechos, por ejemplo, en la ficción y en la realidad, los buenos espías.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Los libros ligeros



Me gustan los libros ligeros, no puedo remediarlo. Me gusta, además, descubrir autores ligeros, de libros alimenticios y sagaces que me hacen añorar mi propia carrera literaria, inexistente y baldía. Esta saudade que me anega leyendo a Connolly, a O´brian, a Davies, a todos estos proletarios de la pluma, cuyo único anhelo es entretenerme y entretenerse ganando dinero con ello y dejando para otros, los elegidos, los mandarines, los príncipes de la literatura, la gravosa tarea de salvar el mundo y redimir al hombre.

martes, 24 de mayo de 2011

Mujer espera


La mujer de la foto es una desconocida, alguien que creía estar esperando el metro, cuando en realidad estaba esperado que le hicieran una foto. Un "hide-shot" logrado y riesgoso. ¿Por qué hice la foto? No tengo una respuesta clara, ella parece ausente y, al mismo tiempo, extrañamente concentrada en su espera. ¿A dónde va a llevarla el metro? ¿Quién la espera? Se asienta con firmeza en el suelo, y sin embargo, parece como si hubiera abandonado el cuerpo, como si estuviera lejos de esa anónima parada de metro en una anónima ciudad centroeuropea. No es una mujer joven, pero su cuerpo no ha olvidado los hábitos sutiles de la seducción inconsciente, tiene aún la manera de presentarse de alguien que se sabe atractivo. Quizás eso sea todo, quizás el único secreto de la foto sea una seducción inconsciente, un mensaje enviado sin querer hacia alguien dispuesto a percibirlo más allá de lo razonable, capaz incluso de congelarlo en el tiempo y diseccionarlo luego en un texto apresurado y vagamente injusto. Ella no sabe (no sabrá nunca) que su imagen existe al otro lado del tiempo fugaz de esa espera ya olvidada. Como el mensaje casual en una botella lanzada a un océano ignoto.

domingo, 22 de mayo de 2011

La luna y el mono


Luna llena e insomnio. Duermo mal desde hace años y sé, también desde hace años, que la luna llena me afecta. No tengo ninguna explicación demasiado racional para ello, pero imaginemos por un momento que hace cientos de miles de años, cuando el mono, algunos entre ellos eran más sensibles a la luz. Durante las noches de luna llena dormían peor, simplemente porque había un cielo más claro. Pero ese hecho anodino tenía un efecto colateral inesperado. La luz ayuda a cazar a los predadores. Así, dormir bien en las noches de luna llena era especialmente peligroso y quienes no conciliaban el sueño tenían más posibilidades de sobrevivir. Yo desciendo de esos monos. Mi insomnio me salvó la vida, en una rama olvidada, hace cientos de miles de años.

El descubrimiento de la utopía (para J., a sus veintipocos años)

La utopía, el descubrimiento de la utopía, un hito en la vida, incluso (¡y especialmente!) para el eco-pijerío Paladín (a la taza). ¿Qué está pasando? No lo sabe nadie, como siempre que se trata de algo importante (¡o no!). Si el fruto de todo esto va a ser algún tipo de mejora - no simplemente de "cambio"- o si se trata del famoso síndrome del "yo estuve allí", nadie puede a estas alturas aventurarlo. La única realidad es una realidad documentada y documentable. Allí había gente protestando, yo hice una foto. Et tout le reste est littérature...por el momento.

viernes, 20 de mayo de 2011

El viejo y su sombra


No es difícil especular con que la izquierda ya no existe. Quienes dicen encarnarla, quienes se envuelven en su bandera con grosera complacencia y aires de superioridad moral, no son más que cínicos o marionetas o iluminados, todos ellos de uno u otro modo, ingenuos que creyeron que "el poder no les cambiaría". Quizás fue esa justamente su tragedia y nuestro castigo. El poder, en efecto, no les cambió.
En la foto puede verse a Pablo Iglesias y a su sombra, cambiándose de acera.

jueves, 19 de mayo de 2011

Sancerre rouge


Al parecer el Sancerre blanco, que tiene una excelente reputación, le hace sombra al tinto, el bueno de verdad para los "connaisseurs". Anoche la vida me ofreció de nuevo la mejor de sus sonrisas y, entre otras lascivias, se me reveló finalmente el sabor del tan mentado Sancerre rouge. Un momento festejable, sin ninguna duda. Quede pues dicho y escrito y fotografiado.

Idilio (para S., con quién nunca escuché "Moon River")

"Breakfast at Tiffany´s" es la comedia más triste de la historia del cine y Mancini compuso "Moon River" para hacérnoslo entender. El intermediario fue Blake Edwars, dirigiendo quizás su mejor película, aunque no hay que olvidar a Peppard - que no volvió a levantar cabeza -, o Hepburn, Audrey, que debe su trampolín hacia la fama a esos metros de celuloide. Pero el responsable último de todo ello es el genio diabólico y depresivo de Truman Capote, guionista y autor de la obra original, que escribió un libro durísimo y lo disfrazó de comedia ligera para hacérselo tragar a la adocenada clase media americana de los 60, que soñaba con desayunar en Tiffany´s, entre los diamantes, para intentar así olvidar sus fantasmas familiares, olvidar que sus orígenes estaban en algún pueblo del medio oeste, donde la palabra "glamour" era un sarcasmo y las botellas de cerveza se abrían a dentelladas.