Hay algo profundamente verdadero en el deporte, algo que no puede esconderse o manipularse. El esfuerzo físico, como cualquier otra destreza, tiene una inmediatez insobornable, gloriosa. El diestro despierta admiración. Después está lo de la tribu, por supuesto. Imagino que no puedo hacer nada contra el hecho de ser del Barça. Además, ¿por qué demonios debería hacer algo? Vengo de un tiempo y de un lugar en el que las magras victorias se celebraban como apoteosis y las derrotas verificaban nuestro hado siniestro, la indefectible constatación de estar "cagados por la moscarda", en legendaria expresión de mi no menos legendaria abuela, un tiempo en el que no podíamos sacudirnos el pútrido aroma de la desdicha, la queja constante, narcisista, autocomplaciente, del sufridor eterno. En algún momento misterioso - los expertos no se ponen de acuerdo- eso cambió y nos encontramos desde entonces viviendo un sueño. Un sueño colectivo y admirable, al que mi generación se había resignado a renuciar. Estar arriba, arriba, arriba... y merecerlo.
domingo, 29 de mayo de 2011
Aquest any... també!
Hay algo profundamente verdadero en el deporte, algo que no puede esconderse o manipularse. El esfuerzo físico, como cualquier otra destreza, tiene una inmediatez insobornable, gloriosa. El diestro despierta admiración. Después está lo de la tribu, por supuesto. Imagino que no puedo hacer nada contra el hecho de ser del Barça. Además, ¿por qué demonios debería hacer algo? Vengo de un tiempo y de un lugar en el que las magras victorias se celebraban como apoteosis y las derrotas verificaban nuestro hado siniestro, la indefectible constatación de estar "cagados por la moscarda", en legendaria expresión de mi no menos legendaria abuela, un tiempo en el que no podíamos sacudirnos el pútrido aroma de la desdicha, la queja constante, narcisista, autocomplaciente, del sufridor eterno. En algún momento misterioso - los expertos no se ponen de acuerdo- eso cambió y nos encontramos desde entonces viviendo un sueño. Un sueño colectivo y admirable, al que mi generación se había resignado a renuciar. Estar arriba, arriba, arriba... y merecerlo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario