viernes, 26 de agosto de 2011

Chinatown


En "Chinatown" todo es negro. La vida de sus protagonistas es una pesadilla, la de todos ellos, desde los ricos Cross, hasta el desdichado italianini Curly (sublime Burt Young, como siempre), desde el pobre marido de Evelyn, hasta Escobar, recien ascendido a teniente y enfangado y estragado y asqueado por un trabajo que le supera y le destruye. Incluso Goldsmith es negro. El tema de la película ha quedado como un icono de la música de cine negro, saturniana, embelesadora, narcisista y noctámbula, dulzona hasta la amargura. Y Gittes. Trato de recordar un Nicholson mejor y no lo encuentro. Gittes y su mirada, no perdida sino reencontrada, al final de la película, cuando los sueños se han desvanecido otra vez, recién despertado en la ominosa pesadilla del barrio chino, en el centro de su némesis. Al final de la película entendemos con Gittes que el destino (Polanski) le ha conducido de manera inexorable otra vez hacia Chinatown, de dónde esta vez ya no podrá salir. Ni nosotros tampoco.
La negrura de las películas de Polanski son el toque del maestro, desde siempre, pero mucho más tras "lo ocurrido".
Al final nosotros también comprendemos que Polanski es Gittes y que, como él, tampoco conseguirá nunca escapar de Chinatown.

domingo, 14 de agosto de 2011

La crisis del 29


Olvidamos a menudo que el definitivo final de la crisis del 29 se conoce con el nombre de II Guerra Mundial.

martes, 9 de agosto de 2011

Iquique, 28-30

Supongo que la alternativa eran las barracas del Carmelo o del campo de la Bota, las Casas Baratas, el barrio de La Trinidad, Montjuic... acabaron en el barrio de la Salud, entre Llefiá y Artigas, en un terreno vago antes de llegar a Badalona. Era aquella casa primera un lugar oscuro que tenía algo de madriguera. La puerta de entrada daba directamente a la calle, sin pasillo ni zaguán alguno, quedando uno o dos escalones por debajo de ésta, y mis recuerdos fragmentarios incluyen un patio luminoso de tierra al fondo de un corredor, y una cocina destartalada con apenas agua corriente. No sé qué hay de verdad en esos recuerdos, qué mezclo con qué al evocarlos. No sé siquiera si llegué a vivir allí o si todo lo que conservo son las imágenes de las visitas posteriores. Luego y por poco tiempo, vendría la casa de la avenida de Alfonso XIII, también compartida e incómoda.
Pero sí guardo un recuerdo claro de la calle Iquique. El piso alquilado que consideré por primera vez "mi casa". Era la puerta de la derecha del primer (y único) piso. Uno entraba casi directamente en el salón. A la derecha quedaba la cocina, alargada y estrecha, con apenas luz y al fondo de ésta un lavabo-lavadero del que guardo ingrata memoria. Frío, oscuro, húmedo, lo asocio con suciedad y amenaza y miedo a las arañas, algo que prefiero no recordar. Luego una minúscula habitación, con la vieja televisión Zenith, en la que ví la estupefaciente e inolvidable historia del León-Cordero Lambert, una Navidad de finales de los 60. Creo que fueron las primeras imágenes proyectadas que me emocionaron.
En la pared opuesta del salón estaba la habitación de mis padres, pintada de azul más o menos celeste y amueblada en esa especie de formica inevitable a la idea de interiorismo de mi familia. Recuerdo siempre periódicos en el suelo, al lado de la cama, una costumbre que ahora yo también tengo. Mi padre leía entonces un periódico que acabaría quebrando y que tenía nombre de periódico de tebeo: "El Noticiero Universal" (diario de la tarde). Usaba la abreviación "Noti" para referirse a él. Durante años supuse que "Noticiero" y "Periódico" eran sinónimos.
Me gustaba por dos motivos infantiles, su pequeño formato y las letras de su cabecera, que eran letras de película del Oeste, las mismas que se usan para escribir "Saloon" o "Fort Randall". Era una cosa muy rara, en efecto.
Al fondo del salón, a la derecha, estaba mi habitación. No quisiera equivocarme, pero me temo que no tenía ventanas. La recuerdo negra como la boca del lobo y tengo todavía muy clara en la memoria la cama en la que dormía con una colcha a cuadros azules y blancos, y una pequeña flor bordada en el centro de cada cuadro. Recuerdo también que a menudo había poblemas con la lámpara, quizás por eso asocio mi habitación a la oscuridad.
El último espacio colonizado por mi infancia es del que tengo mejor recuerdo. La enorme terraza que había sobre la casa, siempre soleada. A veces subía para ver llegar a mi padre del trabajo, otras era para acompañar a mi madre a tender la ropa o hacer la colada. Pero la terraza significaba sobre todo un espacio de infinito juego. Desde ella lancé innumerables paracaidistas que a menudo se enredaban en los cables del teléfono que siguen estando ahí, a dos metros del edificio. Luego, sus cuerpos de plástico quedaban colgados durante semanas o meses frente a la ventana, inalcanzables, a menos de tres metros de mi angustiada mirada, reprochándome con heroísmo su hazaña baldía.
Ayer a media tarde fuí a echar un vistazo y hacer unas fotos. Ahí sigue ella y aquí sigo yo, ambos 40 años más viejos. No había fantasmas, sólo dos contenedores de basura, puestos con mucha mala leche o incompetencia (es lo mismo, la incompetencia es la mala leche del destino) frente a la puerta de entrada. “El hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo…”

domingo, 7 de agosto de 2011

Turritopsis nutrícula

El proceso se llama "transdiferenciación" y consiste, básicamente, en retornar al estado celular indiferenciado originario a partir de un organismo pluricelular ya diferenciado. Luego la célula indiferenciada o madre vuelve a crecer hasta formar de nuevo el organismo pluricelular, sin modificación de su genoma. Si no es interrumpido desde el exterior de forma traumática, el proceso no tiene un final conocido. Tras haber envejecido, el organismo gobernado por él rejuvenece. Se puede así decir que es, literalmente, inmortal.
Que se sepa, sólo existe un ser vivo capaz de hacer eso. La medusa cuyo abstruso nombre encabeza esta entrada. Tampoco se sabe bien qué desencadena el proceso de la, así llamada, "ontogenia inversa", pero parece obvio que se produce para escapar de la muerte. En los artículos que he leído se habla de "situaciones de estrés" o "spawning", que para mi más absoluta estupefacción se traduce como "freza" (sic).
La gran revolución en genética está por llegar y se producirá en el próximo siglo. But who wants to live forever?
Hay un excelente cuento de Carpentier en el que los cirios crecen y que prefigura esta perturbadora observación científica. Se titula "Viaje a la semilla" y empieza: "¿Qué quieres, viejo?..."
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/carpen/viaje.htm

sábado, 6 de agosto de 2011

La muerte del dietista


AP (Paris).
El famoso dietista Louis Ferdinand Biennourri fue hallado anoche muerto en su apartamento del barrio de Montmartre, en Paris. Bienourri, se hizo famoso a mediados de los años 90 al proponer una dieta drástica y radical que alcanzó un gran éxito entre amplios segmentos de la población con problemas de sobrepeso. Como se recordará, la muerte repentina de varios seguidores de su dieta, conocida con el nombre de "Sans Limite" (Sin límite), generó una gran polémica en Francia y provocó un proceso contra el dietista, abriendo un amplio debate en toda Europa acerca de los beneficos y los perjuicios de las "dietas milagro". Bienourri, que siempre había ofrecido su asesoramiento dietético en programas de radio o a través de internet, causó sensación al mostrarse en público por primera vez en el juicio contra su persona. El dietista, con un peso estimado de 170 kilos, aseguró que gracias a su dieta había reducido sus impulsos bulémicos hasta conseguir alimentarse de modo equilibrado y sano, y que lo que había sido beneficioso para él también podía serlo para millones de personas con sobrepeso.
Desde su absolución, Bienourri redujo sus apariciones públicas hasta casi desaparecer de los medios de comunicación. Sin embargo y aunque apenas existían noticias sobre él, continuaba siendo una referencia en el mundo de la nutrición y sus consejos dietéticos eran seguidos por miles de personas desde su blog "Maigrir ou mourir" (Adelgazar o morir).
El cadáver de Bienourri no presentaba signos de violencia y, a la espera del resultado de la autopsia, fuentes bien informadas han apuntado como causa más probable del deceso una "indigestión implosiva".
El cuerpo del malogrado dietista sigue en su apartamente a la espera de que las autoridades desplieguen un plan logístico para su transporte e inhumación. Los rumores sobre el inminente despiece son, al parecer, infundados.
En declaraciones exclusivas a este periódico M. Sucré, dueño de una de las más reputadas pastelerías de Montmartre, se mostró desolado al conocer la noticia y añadió "esto significa mi ruina, ni más ni menos."