jueves, 30 de junio de 2011

DSK


Javier Marías publicó hace unas semanas un artículo en el que trataba de poner algo de orden en el "récit" del caso DSK. "La historia doblemente increible", publicado el 12 de junio, señalaba desde la perspectiva del literato la inconsistencia de la historia, publicada sin mayor problema por las mayoría de los medios. A Marías le interesaba la verosimilitud del relato y en las escasas líneas de su culumna dejaba claro que lo narrado no era nada verosimil, no se tenía en pie. Lo "noticiable" había barrido no ya a la verdad o falsedad de lo narrado, sino incluso a su verosimilitud. Bastaba detenerse con un mínimo de detalle en los hechos transmitidos por los medios, para darse cuenta de que nada encajaba. Pero ni eso se hizo. El artículo de Marías fue el primero que leí donde no se trataba de estar "a favor" o " en contra" del acusado sino, simplemente, de estructurar una relato coherente y verosimil de lo sucedido. De la mayor o menor imposibilidad de lograrlo depende la credibilidad del que cuenta la historia y, sobre todo, la credibilidad de la histoira misma. Un buen escritor sabe eso de sobra, por eso a Marías le había llamado la atención un argumento tan inconsistente.
Ayer liberaron a DSK. Habrá ahora "mea culpas" y palinodias, reclamaciones a los medios y a la justicia, demandas y querellas variopintas. El culpable es ahora inocente y los bandos se han trocado. Seguirá habiendo quién considere la nueva situación injusta, DSK era antes la víctima de una obscura conspiración, ahora un millonario poderoso que compra el silencio (¡o la locuacidad!) de su víctima con su falange de abogados, o bien antes era un ejemplo perfecto del engrasado funcionamiento de las intituciones americanas, que no hacen distingos entre clases sociales o grupos de presión, y ahora una víctima de la arbitrariedad judicial o del abuso de poder de un fiscal del distrito.
Pero lo más llamativo es la cuestión de la verdad. Es decir ¿qué ha pasado "de verdad"? Pues bien, ya no podremos saberlo. Seguirá el bombardeo de noticias sobre el caso, pero a una afirmación seguirá un desmetido y a éste otra réplica más o menos sólida, y todo ello traerá como consecuencia que nunca sepamos qué ha sucedido realmente e incluso si un día acaba por fijarse una "versión definitiva" de los hechos, esta quedará siempre un poco en suspenso, puesto que nunca podrá descartarse del todo "nuevas revelaciones" que arrojen "una nueva luz" sobre el asunto.
Nunca antes hemos tenido tanto acceso a la información, una inmediatez tan definitiva acerca de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, y tampoco nunca antes han sido las informaciones menos fiables o fidedignas. Separar la propaganda de la manipulación o, simplemente, del error, resulta imposible para el ciudadano medio quien, además, lo asume como inevitable o "normal". No dejan de contarnos lo que está pasando y sin embargo nadie sabe lo que pasa. Señalemos algo obvio: muy pocas veces podemos comentar lo que pasa, a lo sumo, comentamos lo que alguien nos dice que pasa. Los hechos y las opiniones se confunden en nuestra cabeza y, lo que es mucho peor, fuera de ella. Y de ese escándalo, nadie se queja. Sin periodismo de calidad no hay libertad ni posibilidad de un mínimo juicio o valoración de lo que ocurre. Sin eso, llamar "información" a lo que con tanta generosidad se nos ofrece es, en el mejor de los casos, un sarcasmo.

jueves, 23 de junio de 2011

Indignados I

Los "Indignados" son la cristalización de un descontento que va mucho más allá de la, así llamada, crisis económica. Un descontento que no puede solventarse en las dos patadas con las que se solucionan famosamente los problemas en las barras de los bares españoles. No se sabe si los, así llamados, "indignados" son muy conscientes de esta verdad palmaria. Pero un anhelo emerge y hay ganas de cambiar las cosas porque sentimos que esto es una estafa y que, además, se está viniendo abajo y va a arrastrarnos en su caida. ¿Puede construirse algo sólo sobre eso? Depende. Depende del consenso.
Lo que hay, la asamblea, como órgano de crear consenso no parece demasiado fiable pero, de momento, no hay otro. La plaza -el Ágora- como centro de la política adjetivada con esa palabra tan misteriosa, "real". ¿Son los indignados "revolucionarios"? ¿Es una (¡la!) revolución lo que buscan? De momento reniegan de la violencia, lo que produce una turbadora sensación de candor y les aleja de los revolucionarios clásicos (Gandhi no cuenta, Gandhi es para nosotros lo que Juan Belmonte para los benareses). Además, las revoluciones le han dado pocos frutos al árbol de la libertad y siempre después de haberlo regado con enormes cantidades de sangre. Todas las grandes masacres de la historia las han cometidos hombres salidos de revoluciones. Y la revolución más modélica es, aún hoy, aquella que más suspicacias despierta en europa, la revolución americana que parió los Estados Unidos. Pero nadie da nada gratis, sobre todo quienes lo tienen todo.
Hasta ahora, el único que ha tomado en serio a los, así llamados, "indignados" ha sido Felip Puig y su porra. Los otros los cortejan en mayor o menor medida. Señal inequívoca de que no son ni se les percibe como una amenaza o, al menos, no se les percibe como una amenaza incontrolada. De momento.
En la plaza no hay consenso más que en lo primario, en que estamos fatal y queremos estar mejor. Pero ¿hay más? Una vaga sensación de despertar y un hartazgo, también un cada vez más evidente intento de manipulación y desprestigio de las concentraciones. Para empezar no es poco pero para continuar no basta. Expectación en la grada y, poco a poco, ganas de bajar al campo, a ver qué pasa...

martes, 14 de junio de 2011

Memoria de Borges

Los Enigmas

Yo que soy el que ahora está cantando
Seré mañana el misterioso, el muerto,
El morador de un mágico y desierto
Orbe sin antes ni después ni cuándo.

Así afirma la mística. Me creo
Indigno del Infierno o de la Gloria,
Pero nada predigo. Nuestra historia
Cambia como las formas de Proteo.

¿Qué errante laberinto, qué blancura
Ciega de resplandor será mi suerte,
Cuando me entregue el fin de esta aventura

La curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,
Ser para siempre; pero no haber sido.

de "El otro, el mismo" (Buenos Aires, 1964)


"Nueva antología personal", publicada en una editorial que ya no existe y comprada en un kiosko de barrio la primavera de 1980, en mi fantasmal adolescencia. Recuerdo la disonancia entre la foto del viejo feo y sonriente de la portada, cuyo rostro parecía pensado para disuadir al comprador, y los luminosos textos que las hojas custodiaban. Mi memoria atesora todavía algunos de los versos leídos por aquel adolescente desnortado y medroso que desconcertaba a los adultos con una impostada suficiencia (que todavía cultivo
a mi pesar), fruto del miedo a ser descubierto, como supongo que son todas las suficiencias. Luego de ese Borges casual de kiosko, vinieron otros, ya buscados, en librerías de viejo. Muy pronto me hice con una flamante edición de su "Obra poética", que alcanza sólo hasta 1977. Luego los ensayos y los relatos y el último hallazgo, el Borges oral, el de las nueve noches, el Borges más genuino y misterioso, lograda ya la victoria sobre la timidez enfermiza. Borges como brújula de salida de una infancia que se estaba prolongando más de la cuenta, porque el niño ya sabía con certeza lo que le esperaba fuera. Pienso (ya lo he pensado) que a Borges le hubiese gustado la idea de revelarse en un kiosko de la periferia, una de las formas del arrabal. Pienso (ya lo he pensado) que es también él quien me señaló la eufonía de la palabra "urdimbre".

jueves, 2 de junio de 2011

UFC (Unknow Flying Cow)


El cielo es una promesa de infinitud, un vuelo posible, una huida o una escapada y también una incertidumbre. "Ein moderner Mythus - Von Dinge, die am Himmel gesehen werden" se titula el último libro de C.G.Jung, dedicado a los OVNI como proyecciones del inconsciente colectivo. Desde siempre hemos visto cosas extrañas en el cielo y desde el cielo, desde lo alto, nos han ido llegando los mensajes más transcendentales, las embajadas más definitivas. Es el cielo el que ha gobernado la tierra. Así que no es extraño que, al elevar la vista, veamos en él todos nuestros miedos. Hemos dejado de creer en un absurdo estético, trenzado con paciencia de amanuenses y custodiado en pergaminos e incunables, para entregarnos a la fe tecnológica de los platillos volantes, a la redención desesperada de los hermanos del cosmos. La fe en la vida extraterrestre es el up grade de la fe en los ángeles - que vuelven a estar de moda, por cierto -, la fe en el único ángel, en el ángel de la guarda. Esa es la famosa metafísica para metecatos de la que habla Adorno y en la que estamos sumidos. El ciudadano medio es un creyente, basta salir a la calle y comprobarlo, pero antes creía en mitos gran reserva y ahora le sirven sus nuevas creencias en Tetra Brik. ¿Hay, en el fondo, una gran diferencia?