jueves, 23 de junio de 2011

Indignados I

Los "Indignados" son la cristalización de un descontento que va mucho más allá de la, así llamada, crisis económica. Un descontento que no puede solventarse en las dos patadas con las que se solucionan famosamente los problemas en las barras de los bares españoles. No se sabe si los, así llamados, "indignados" son muy conscientes de esta verdad palmaria. Pero un anhelo emerge y hay ganas de cambiar las cosas porque sentimos que esto es una estafa y que, además, se está viniendo abajo y va a arrastrarnos en su caida. ¿Puede construirse algo sólo sobre eso? Depende. Depende del consenso.
Lo que hay, la asamblea, como órgano de crear consenso no parece demasiado fiable pero, de momento, no hay otro. La plaza -el Ágora- como centro de la política adjetivada con esa palabra tan misteriosa, "real". ¿Son los indignados "revolucionarios"? ¿Es una (¡la!) revolución lo que buscan? De momento reniegan de la violencia, lo que produce una turbadora sensación de candor y les aleja de los revolucionarios clásicos (Gandhi no cuenta, Gandhi es para nosotros lo que Juan Belmonte para los benareses). Además, las revoluciones le han dado pocos frutos al árbol de la libertad y siempre después de haberlo regado con enormes cantidades de sangre. Todas las grandes masacres de la historia las han cometidos hombres salidos de revoluciones. Y la revolución más modélica es, aún hoy, aquella que más suspicacias despierta en europa, la revolución americana que parió los Estados Unidos. Pero nadie da nada gratis, sobre todo quienes lo tienen todo.
Hasta ahora, el único que ha tomado en serio a los, así llamados, "indignados" ha sido Felip Puig y su porra. Los otros los cortejan en mayor o menor medida. Señal inequívoca de que no son ni se les percibe como una amenaza o, al menos, no se les percibe como una amenaza incontrolada. De momento.
En la plaza no hay consenso más que en lo primario, en que estamos fatal y queremos estar mejor. Pero ¿hay más? Una vaga sensación de despertar y un hartazgo, también un cada vez más evidente intento de manipulación y desprestigio de las concentraciones. Para empezar no es poco pero para continuar no basta. Expectación en la grada y, poco a poco, ganas de bajar al campo, a ver qué pasa...

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