Pero hay otra cara, la que componen los servicios secretos, los chantajes, las puñaladas entre camaradas del mismo partido, las luchas de poder a muerte en las que no se conocen reglas ni bandos pues cada uno es del suyo. Esa otra cara, la "política privada" por así decirlo, va desde el soborno a un concejal hasta el asesinato, virtual o real, del adversario.
No es posible separar esas dos maneras de hacer política, del mismo modo que no es posible hacer una moneda de una sola cara. Muchas confusiones en las, así llamadas, tertulias, provienen de no hacer claramente esa distinción. El cortocircuito se produce a menudo cuando se cruzan los dos ámbitos y se confunden los límites de ambas. La "política privada" no tolera la luz, la "política pública" vive y se alimenta de ella. La "política privada" anida en los (buenos) libros de historia, la "política pública" florece en las tertulias y en las columnas de opinión de los periódicos. La "política privada" la conocen unos pocos, los insiders, la "política pública" es rancho para las masas, el fast food de lo que se ha dado en llamar "opinión pública" y que no siempre coincide con "opinión publicada".