Ahora celebran a Turing, después de haberlo torturado y llevado al suicidio (o asesinado, de esta gentuza todo puede esperarse). El horror que debió ser al final la vida para Turing no es fácil - fácil en el sentido de "soportable"- imaginarlo, es mejor no imaginarlo.
Conviene no olvidar que quienes ahora festejan y halagan su memoria son los descendientes directos de los verdugos y los torturadoes de Turing, los mismos a quienes Turing contribuyó decisivamente desde Bletchley Park a salvar de los nazis, a su vez también verdugos y torturadores.
Prácticamente todas las fotos de Turing que circulan por la red parecen tomadas el mismo día, y en ellas Turing tiene un aire taciturno, poco dado a la sonrisa, y en la única en que ríe casi puede oirse al fotógrafo decirle, "pero hombre, no estés tan serio". Probablemente Turing no acababa de encontrar muchos motivos para reirse.
jueves, 9 de enero de 2014
viernes, 3 de enero de 2014
La Cataluña rancia
Basta sintonizar una radio catalana para escuchar a Rahola. Con esa voz carrasposa que la distingue, pontificando sobre los temas más peregrinos, tejiendo su telaraña de medro, halagando al que vence, asociándose a lobbys de poder, ahora a la grupa del secesionismo, mañana dios dirá. Convencida en apariencia de no ser "espanyola", al mismo tiempo parece estar siempre tratando de convencernos a nosotros, precisamente como si ella no lo estuviera demasiado o no del todo. A mi esta señora no deja de evocarme, en una bizarra saudade, al tercero de Los Morancos, el que nunca existió, ese con el que nos amenazan.
Junto a ella tenemos a Santiago Espot, quien se hizo famoso por defender a gritos a Companys, que iba en babia y lo atropelló un coche y ahora anda diciendo que los servicios secretos españoles quieren acabar con él, cuando la únicas sospechas razonables recaen sobre la asociación de defensa de los consumidores (de radio y televisión en este caso).
O a Mikimoto, que habla a trompicones y se va de viaje para que los catalanes emigrados en Viena, en Nueva York, en Sidney, en Berlin, en Moscú en lugar de hablarnos de lo maravillosos que son los cafés, las exposiciones, la música, o el metro, respectivamente en sus actuales ciudades de residencia y provocarnos la envidia por no estar nosotros allí, solo alcancen a balbucear que añoran los panellets y que nada hay más sublime que la mongetes amb botifarra y los calçots, las habaneras los castellets y la sardana,y que irremisiblemente allí donde se encuentren corren los sábados o los domingos por la tarde a ver los partidos del Barça y la terrible frustración que les abate cuando, por algún funesto imprevisto, no lo consiguen, poniendo así de manifiesto su abisal paletismo, su oceánica incultura, su irreversible embrutecimiento .
Y Marta Rovira
La Cataluña rancia.
Junto a ella tenemos a Santiago Espot, quien se hizo famoso por defender a gritos a Companys, que iba en babia y lo atropelló un coche y ahora anda diciendo que los servicios secretos españoles quieren acabar con él, cuando la únicas sospechas razonables recaen sobre la asociación de defensa de los consumidores (de radio y televisión en este caso).
O a Mikimoto, que habla a trompicones y se va de viaje para que los catalanes emigrados en Viena, en Nueva York, en Sidney, en Berlin, en Moscú en lugar de hablarnos de lo maravillosos que son los cafés, las exposiciones, la música, o el metro, respectivamente en sus actuales ciudades de residencia y provocarnos la envidia por no estar nosotros allí, solo alcancen a balbucear que añoran los panellets y que nada hay más sublime que la mongetes amb botifarra y los calçots, las habaneras los castellets y la sardana,y que irremisiblemente allí donde se encuentren corren los sábados o los domingos por la tarde a ver los partidos del Barça y la terrible frustración que les abate cuando, por algún funesto imprevisto, no lo consiguen, poniendo así de manifiesto su abisal paletismo, su oceánica incultura, su irreversible embrutecimiento . Y Marta Rovira
La Cataluña rancia.
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