martes, 31 de mayo de 2011

En la casa del padre


El olor a rancio ya en la puerta del vestíbulo o en la cocina, la ropa amontonada en armarios repletos, los libros, apilados con abandono en lugares inverosímiles, o en estanterías hechas a medida en madera de mala calidad, el ruido, el peremne ruido de la carretera infame, incrustado en los tímpanos desde la infancia, del que me fui liberando minuciosamente también al emigrar, el televisor, incesante divinidad maligna, emitiendo sin pausa desde su altar mefítico, fagocitando espíritu como un agujero negro para las almas. La deprimente tristeza, tan neurótica, que todo lo impregna con una sensación viscosa de fracaso y abandono y desolada impotencia. La impresión física de encontrarse exactamente en medio de un naufragio. Bienvenido seas, de nuevo estás en la casa del padre.

lunes, 30 de mayo de 2011

Jed Bartlet


He incurrido hace poco tiempo en una nueva adicción. Se trata de la serie "El ala oeste", que emitió la NBC entre septiembre del 99 y mayo del 2006. El "creador", Aaron Sorkin, es el responsable de la idea, aunque los guiones originales se los reparten una treintena de nombres, que me son absolutamemnte desconocidos. La serie vive de una ficción original y compleja: el nuevo presidente de los Estados Unidos, Jed Bartlet, acaba de tomar posesión de su cargo y nosotros asistimos desde dentro a todo lo que ese inmenso poder comporta, al despliegue de su carisma de padre autoritario pero comprensivo y siempre agudo e inteligente (¡es premio nobel de economía!) y vamos conociendo a quienes componen el nucleo duro de su equipo de gobierno, hombres y mujeres en la sombra que le asesoran y en quienes se apoya para tomar las decisiones. La cosa tiene un tufillo propagandístico considerable, y no puede dejar de caer en las típicas trampas sentimentaloides, pero la verdad es que, al mismo tiempo, el personaje de Bartlet - interpretado con contenida maestría por Martin Sheen - resulta con cada episodio un poco más creíble y, al final, acaba por resultar convicente. Además toda la serie está impregnada de un humor caústico y de una ironía con diversos grados de sutileza que resultan muy adecuados para la imagen que uno, modestamente, se hace de los pasillos de la Casa Blanca y el Capitolio. Si las cosas no son así, la serie logra que parezca que lo sean. Todo eso pensaba la otra noche, al irme a la cama tardísimo, tras haber visto el sexto capítulo de la primera temporada. Y luego pensé en los Bush. Los judíos de Hollywood y la familia Bush. y el inmenso daño que la serie debió de hacer a su imagen y, por ende, a su presidencia. Bush, sobre todo el hijo, pero también el padre, es el anti-Bartlet. Los Bush, de quienes se hacía el chiste de llamarlos "Bush, the bad, and Bush, the worst", para diferenciarlos. Los Bush, petroleros tejanos con aire de paletos y el carisma de un poste de telégrafos (si es que todavía existen). Durante una buena parte de su mandato, entre 2001 y 2009, G.W. Bush tuvo que soportar en la televisión a un presidente que era su antítesis y cuya sombra ficticia le dejaba continuamente en evidencia.

domingo, 29 de mayo de 2011

Aquest any... també!


Hay algo profundamente verdadero en el deporte, algo que no puede esconderse o manipularse. El esfuerzo físico, como cualquier otra destreza, tiene una inmediatez insobornable, gloriosa. El diestro despierta admiración. Después está lo de la tribu, por supuesto. Imagino que no puedo hacer nada contra el hecho de ser del Barça. Además, ¿por qué demonios debería hacer algo? Vengo de un tiempo y de un lugar en el que las magras victorias se celebraban como apoteosis y las derrotas verificaban nuestro hado siniestro, la indefectible constatación de estar "cagados por la moscarda", en legendaria expresión de mi no menos legendaria abuela, un tiempo en el que no podíamos sacudirnos el pútrido aroma de la desdicha, la queja constante, narcisista, autocomplaciente, del sufridor eterno. En algún momento misterioso - los expertos no se ponen de acuerdo- eso cambió y nos encontramos desde entonces viviendo un sueño. Un sueño colectivo y admirable, al que mi generación se había resignado a renuciar. Estar arriba, arriba, arriba... y merecerlo.

jueves, 26 de mayo de 2011

Ein ehrlicher Man



Kertész, los "Diarios de las Galeras" (o como lo hayan traducido): "Un hombre sincero, lo es hasta cuando miente; miente sinceramente." En efecto existen diversas formas de mentir y la mentira suele asociarse a la cobardía moral, a la flojera de carácter y al escapismo. Pero existe una mentira fruto del valor, de la presencia de ánimo, una mentira que nace de la reciedumbre de carácter. Esa mentira es rara y siempre consciente, presta a aceptar las consecuencias, es una mentira coherente y nada "piadosa". De esa mentira están hechos, por ejemplo, en la ficción y en la realidad, los buenos espías.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Los libros ligeros



Me gustan los libros ligeros, no puedo remediarlo. Me gusta, además, descubrir autores ligeros, de libros alimenticios y sagaces que me hacen añorar mi propia carrera literaria, inexistente y baldía. Esta saudade que me anega leyendo a Connolly, a O´brian, a Davies, a todos estos proletarios de la pluma, cuyo único anhelo es entretenerme y entretenerse ganando dinero con ello y dejando para otros, los elegidos, los mandarines, los príncipes de la literatura, la gravosa tarea de salvar el mundo y redimir al hombre.

martes, 24 de mayo de 2011

Mujer espera


La mujer de la foto es una desconocida, alguien que creía estar esperando el metro, cuando en realidad estaba esperado que le hicieran una foto. Un "hide-shot" logrado y riesgoso. ¿Por qué hice la foto? No tengo una respuesta clara, ella parece ausente y, al mismo tiempo, extrañamente concentrada en su espera. ¿A dónde va a llevarla el metro? ¿Quién la espera? Se asienta con firmeza en el suelo, y sin embargo, parece como si hubiera abandonado el cuerpo, como si estuviera lejos de esa anónima parada de metro en una anónima ciudad centroeuropea. No es una mujer joven, pero su cuerpo no ha olvidado los hábitos sutiles de la seducción inconsciente, tiene aún la manera de presentarse de alguien que se sabe atractivo. Quizás eso sea todo, quizás el único secreto de la foto sea una seducción inconsciente, un mensaje enviado sin querer hacia alguien dispuesto a percibirlo más allá de lo razonable, capaz incluso de congelarlo en el tiempo y diseccionarlo luego en un texto apresurado y vagamente injusto. Ella no sabe (no sabrá nunca) que su imagen existe al otro lado del tiempo fugaz de esa espera ya olvidada. Como el mensaje casual en una botella lanzada a un océano ignoto.

domingo, 22 de mayo de 2011

La luna y el mono


Luna llena e insomnio. Duermo mal desde hace años y sé, también desde hace años, que la luna llena me afecta. No tengo ninguna explicación demasiado racional para ello, pero imaginemos por un momento que hace cientos de miles de años, cuando el mono, algunos entre ellos eran más sensibles a la luz. Durante las noches de luna llena dormían peor, simplemente porque había un cielo más claro. Pero ese hecho anodino tenía un efecto colateral inesperado. La luz ayuda a cazar a los predadores. Así, dormir bien en las noches de luna llena era especialmente peligroso y quienes no conciliaban el sueño tenían más posibilidades de sobrevivir. Yo desciendo de esos monos. Mi insomnio me salvó la vida, en una rama olvidada, hace cientos de miles de años.

El descubrimiento de la utopía (para J., a sus veintipocos años)

La utopía, el descubrimiento de la utopía, un hito en la vida, incluso (¡y especialmente!) para el eco-pijerío Paladín (a la taza). ¿Qué está pasando? No lo sabe nadie, como siempre que se trata de algo importante (¡o no!). Si el fruto de todo esto va a ser algún tipo de mejora - no simplemente de "cambio"- o si se trata del famoso síndrome del "yo estuve allí", nadie puede a estas alturas aventurarlo. La única realidad es una realidad documentada y documentable. Allí había gente protestando, yo hice una foto. Et tout le reste est littérature...por el momento.

viernes, 20 de mayo de 2011

El viejo y su sombra


No es difícil especular con que la izquierda ya no existe. Quienes dicen encarnarla, quienes se envuelven en su bandera con grosera complacencia y aires de superioridad moral, no son más que cínicos o marionetas o iluminados, todos ellos de uno u otro modo, ingenuos que creyeron que "el poder no les cambiaría". Quizás fue esa justamente su tragedia y nuestro castigo. El poder, en efecto, no les cambió.
En la foto puede verse a Pablo Iglesias y a su sombra, cambiándose de acera.

jueves, 19 de mayo de 2011

Sancerre rouge


Al parecer el Sancerre blanco, que tiene una excelente reputación, le hace sombra al tinto, el bueno de verdad para los "connaisseurs". Anoche la vida me ofreció de nuevo la mejor de sus sonrisas y, entre otras lascivias, se me reveló finalmente el sabor del tan mentado Sancerre rouge. Un momento festejable, sin ninguna duda. Quede pues dicho y escrito y fotografiado.

Idilio (para S., con quién nunca escuché "Moon River")

"Breakfast at Tiffany´s" es la comedia más triste de la historia del cine y Mancini compuso "Moon River" para hacérnoslo entender. El intermediario fue Blake Edwars, dirigiendo quizás su mejor película, aunque no hay que olvidar a Peppard - que no volvió a levantar cabeza -, o Hepburn, Audrey, que debe su trampolín hacia la fama a esos metros de celuloide. Pero el responsable último de todo ello es el genio diabólico y depresivo de Truman Capote, guionista y autor de la obra original, que escribió un libro durísimo y lo disfrazó de comedia ligera para hacérselo tragar a la adocenada clase media americana de los 60, que soñaba con desayunar en Tiffany´s, entre los diamantes, para intentar así olvidar sus fantasmas familiares, olvidar que sus orígenes estaban en algún pueblo del medio oeste, donde la palabra "glamour" era un sarcasmo y las botellas de cerveza se abrían a dentelladas.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La provecta edad


Debería haber una divinidad o, en su defecto, un santo que se ocupara de los propósitos maltrechos, de las esperanzas fallidas, de los fracasos existenciales. Al menos él (o ella) nos daría consuelo. La única, enorme ventaja, de querer empezar a escribir a mi provecta edad, es que ya queda claro que, sea cual sea el obscuro motivo que nos mueva a hacerlo, no puede tratarse ni del dinero, ni de la fama, ni de la gloria, y que probablemente se trate de algo desesperadamente mundano.

Como por azar leo hoy ese romance de Alberti que empieza “Madrid corazón de España / late con pulsos de fiebre…” Alberti, hoy, nuevamente, en el ojo de la polémica. Esa época tan poco honorable, tan traicioneramente heroica. Alberti y su miseria moral y, de rebote, la nuestra.