No es difícil especular con que la izquierda ya no existe. Quienes dicen encarnarla, quienes se envuelven en su bandera con grosera complacencia y aires de superioridad moral, no son más que cínicos o marionetas o iluminados, todos ellos de uno u otro modo, ingenuos que creyeron que "el poder no les cambiaría". Quizás fue esa justamente su tragedia y nuestro castigo. El poder, en efecto, no les cambió.
En la foto puede verse a Pablo Iglesias y a su sombra, cambiándose de acera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario