Me gustan los libros ligeros, no puedo remediarlo. Me gusta, además, descubrir autores ligeros, de libros alimenticios y sagaces que me hacen añorar mi propia carrera literaria, inexistente y baldía. Esta saudade que me anega leyendo a Connolly, a O´brian, a Davies, a todos estos proletarios de la pluma, cuyo único anhelo es entretenerme y entretenerse ganando dinero con ello y dejando para otros, los elegidos, los mandarines, los príncipes de la literatura, la gravosa tarea de salvar el mundo y redimir al hombre.
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