Junto a ella tenemos a Santiago Espot, quien se hizo famoso por defender a gritos a Companys, que iba en babia y lo atropelló un coche y ahora anda diciendo que los servicios secretos españoles quieren acabar con él, cuando la únicas sospechas razonables recaen sobre la asociación de defensa de los consumidores (de radio y televisión en este caso).
O a Mikimoto, que habla a trompicones y se va de viaje para que los catalanes emigrados en Viena, en Nueva York, en Sidney, en Berlin, en Moscú en lugar de hablarnos de lo maravillosos que son los cafés, las exposiciones, la música, o el metro, respectivamente en sus actuales ciudades de residencia y provocarnos la envidia por no estar nosotros allí, solo alcancen a balbucear que añoran los panellets y que nada hay más sublime que la mongetes amb botifarra y los calçots, las habaneras los castellets y la sardana,y que irremisiblemente allí donde se encuentren corren los sábados o los domingos por la tarde a ver los partidos del Barça y la terrible frustración que les abate cuando, por algún funesto imprevisto, no lo consiguen, poniendo así de manifiesto su abisal paletismo, su oceánica incultura, su irreversible embrutecimiento . Y Marta Rovira
La Cataluña rancia.
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