En "Chinatown" todo es negro. La vida de sus protagonistas es una pesadilla, la de todos ellos, desde los ricos Cross, hasta el desdichado italianini Curly (sublime Burt Young, como siempre), desde el pobre marido de Evelyn, hasta Escobar, recien ascendido a teniente y enfangado y estragado y asqueado por un trabajo que le supera y le destruye. Incluso Goldsmith es negro. El tema de la película ha quedado como un icono de la música de cine negro, saturniana, embelesadora, narcisista y noctámbula, dulzona hasta la amargura. Y Gittes. Trato de recordar un Nicholson mejor y no lo encuentro. Gittes y su mirada, no perdida sino reencontrada, al final de la película, cuando los sueños se han desvanecido otra vez, recién despertado en la ominosa pesadilla del barrio chino, en el centro de su némesis. Al final de la película entendemos con Gittes que el destino (Polanski) le ha conducido de manera inexorable otra vez hacia Chinatown, de dónde esta vez ya no podrá salir. Ni nosotros tampoco.
La negrura de las películas de Polanski son el toque del maestro, desde siempre, pero mucho más tras "lo ocurrido".
Al final nosotros también comprendemos que Polanski es Gittes y que, como él, tampoco conseguirá nunca escapar de Chinatown.
La negrura de las películas de Polanski son el toque del maestro, desde siempre, pero mucho más tras "lo ocurrido".
Al final nosotros también comprendemos que Polanski es Gittes y que, como él, tampoco conseguirá nunca escapar de Chinatown.
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