Fue lo primero que me saltó a la vista al llegar esta vez a Cambridge. Ni bicicleta, ni visillos, "to let". Ni rastro de los antiguos inquilinos. La imagen de la chica sonriéndome en la ventana, con la cortina ladeada, mientras yo fotografiaba su bicicleta, me ha visitado a veces en los últimos meses. Uno se consuela con fantasías, con deseos que sabe delirantes pero mitigan su extrañamiento del mundo. Uno se dice "bien que de manera bizarra, en forma de sombras y de sueños y de fantasías y de deseos inalcanzables, aún formo parte del mundo, aún estoy en él", sin embargo basta un cartel inmobiliario y una casa vacía para volver a poner las cosas en su sitio.
viernes, 8 de julio de 2011
To let
Fue lo primero que me saltó a la vista al llegar esta vez a Cambridge. Ni bicicleta, ni visillos, "to let". Ni rastro de los antiguos inquilinos. La imagen de la chica sonriéndome en la ventana, con la cortina ladeada, mientras yo fotografiaba su bicicleta, me ha visitado a veces en los últimos meses. Uno se consuela con fantasías, con deseos que sabe delirantes pero mitigan su extrañamiento del mundo. Uno se dice "bien que de manera bizarra, en forma de sombras y de sueños y de fantasías y de deseos inalcanzables, aún formo parte del mundo, aún estoy en él", sin embargo basta un cartel inmobiliario y una casa vacía para volver a poner las cosas en su sitio.
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