La marca de la mezquindad y la pobreza de espíritu es el resentimiento. Ante las ofensas y desdichas que el destino o los demás nos impongan, sólo hay dos respuestas adecuadas, acordes al carácter que quisiéramos suponernos: la generosa aceptación, con todo lo que ello nos suponga (el controvertido "amor fati" del bueno de Federico), o el desprecio, el desprecio olímpico. Extrañamente creo que ambas son lo mismo, las dos caras de una misma actitud para la cual no hemos aún encontrado una palabra.
martes, 19 de julio de 2011
Resentimiento
La marca de la mezquindad y la pobreza de espíritu es el resentimiento. Ante las ofensas y desdichas que el destino o los demás nos impongan, sólo hay dos respuestas adecuadas, acordes al carácter que quisiéramos suponernos: la generosa aceptación, con todo lo que ello nos suponga (el controvertido "amor fati" del bueno de Federico), o el desprecio, el desprecio olímpico. Extrañamente creo que ambas son lo mismo, las dos caras de una misma actitud para la cual no hemos aún encontrado una palabra.
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