Los, así llamados, "dos grandes partidos" parecen solo competir en grado de ineficacia gestora, de insolvencia comunicativa, de flacidez ideológica. Se ha ido uno acostumbrando a votarle al que menos te desagrade, renunciando ya de entrada a que alguno te parezca remotamente atractivo. Si uno no tiene cuidado, vota ya sin darse cuenta "contra" alguien, como si votar "por" alguien (¡o algo!) fuera una utopía perfectamente irrealizable, una quimera de infantil simplismo. Lo único seguro es que los, así llamados, "dos grandes partidos", solo compiten en ver quién nos trata con más nauseabundo desprecio, quién se ríe más de nosostros, quién nos muestra mayor descaro y nos llama con más insolencia imbéciles en nuestra propia cara. ¡Para que le votemos! El partido en el gobierno gana en estos últimos años por goleada pero la, asi llamada, oposición, se apresta a desquitarse a partir del 20 de noviembre. Luego están los nacionalistas, más de lo mismo, pero envuelto en una bandera. Al nacionalista, como no podía ser menos, se le reconoce en seguida porque se envuelve en una bandera. Nosotros (ustedes y yo) estamos en medio. O peor, debajo.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Jornada de genuflexión
Los, así llamados, "dos grandes partidos" parecen solo competir en grado de ineficacia gestora, de insolvencia comunicativa, de flacidez ideológica. Se ha ido uno acostumbrando a votarle al que menos te desagrade, renunciando ya de entrada a que alguno te parezca remotamente atractivo. Si uno no tiene cuidado, vota ya sin darse cuenta "contra" alguien, como si votar "por" alguien (¡o algo!) fuera una utopía perfectamente irrealizable, una quimera de infantil simplismo. Lo único seguro es que los, así llamados, "dos grandes partidos", solo compiten en ver quién nos trata con más nauseabundo desprecio, quién se ríe más de nosostros, quién nos muestra mayor descaro y nos llama con más insolencia imbéciles en nuestra propia cara. ¡Para que le votemos! El partido en el gobierno gana en estos últimos años por goleada pero la, asi llamada, oposición, se apresta a desquitarse a partir del 20 de noviembre. Luego están los nacionalistas, más de lo mismo, pero envuelto en una bandera. Al nacionalista, como no podía ser menos, se le reconoce en seguida porque se envuelve en una bandera. Nosotros (ustedes y yo) estamos en medio. O peor, debajo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario