Te levantas a las 6:30 de un martes cualquiera para ir al trabajo. Pones la cafetera, un par de tostadas y enciendes la radio antes de entrar en la ducha. Luego desayunas en albornoz y con el pelo mojado, escuchando puerilidades y preguntándote si tu jefe tendrá un buen día y te dejará salir hoy un poco antes, porque quieres ir al cine con una amiga. Sales de casa 10 minutos antes para evitar la hora punta en el metro y las aglomeraciones, te gusta llegar un poco temprano al trabajo y disfrutar de los escasos minutos de calma antes de comenzar la jornada. A las 8:30 ya estás trabajando, metido de lleno en tu diminuta vida laboral de cada día, ocupándote de mesas y clientes en el penúltimo piso de un rascacielos en una ciudad importante. Eres un ciudadano anónimo más, un camarero al que nadie conoce ni conocerá nunca.Apenas un cuarto de hora más tarde un avión de pasajeros se empotra contra el edificio.
No mucho después, desesperado y sin salida, sabiendo que lo único que resta es elegir entre dos muertes atroces, saltas al vacío desde más de 300 metros de altura.
Un tipo llamado Drew, que es fotógrafo, toma una foto de tu caída. La foto da la vuelta al mundo y se convierte en el símbolo de algo, aunque no se sepa bien de qué. Puede que incluso sea arte.
Todo es exactamente tan absurdo como parece.
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