En el aeródromo de Duxford un actor -creo que era un actor, pero quizás era un soldado que hacía de actor- fungía de paracaidista de la 82nd "Airborne" (La división "All-American") en junio de 1944. Con un gusto por el detalle muy propio de los británicos y de eso que en las librerías londinenses llaman "Militaria Books", nos fue detallando los adminículos que portaba encima, su sentido y utilidad, así como algún que otro detalle escabroso para impresionarnos. En mi caso, lo consiguió de largo al explicar muy gráficamente cómo la pala plegable podía hacerse también servir para aplastar cráneos. No me corté un pelo y, rodeado de un auditorio de niños que se rieron al principio de mí pero luego fueron animándose, me acerqué después de la, llamémosla así, representación, y le pedí al actor-soldado o al soldado-actor que me dejara empuñar algunas armas originales. Así que ahora atesoro el peso y el tacto de la Thompson 45, de la famosa M1 de culata plegable de los paracidistas y del legendario M1 Garand (at the picture!) en mi memoria de fetichista bélico.
¡Lo que nos vamos a reir con mi psicoanalista!
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