El martes conocí a Jacques Roubaud. Nos estuvo hablando de "Parc Sauvage" y del OuLiPo y de su amistad con Perec, que fue quien lo introdujo en el mundo de la "littérature potentielle". La explicación que hizo de qué es y qué pretende el OuLiPo no dejó a nadie indiferente y hubo bombardeo de preguntas pintorescas. Todas las enfrentó con un humor socarrón y transgresor con el que se metió enseguida al público en el bolsillo. Sabía muy bien lo que hacía y con su estilo cercano y algo improvisado dejó más huella en nosotros que las visitas de ilustres enanos de la política o las finanzas. Va a cumplir en diciembre 79 años y, aunque caminaba de modo inestable, parecía en plena forma. Roubaud perdió a su primera mujer, Alix Cleo, en 1981, al poco de casarse. Tardó tres años en volver a escribir, sumido en lo que él mismo llamó "la afasia". Luego dió a luz "Algo negro" ("Quelque chose noir"), quizás el mayor monumento al dolor por la pérdida de un ser querido que ha dado la literatura francesa del siglo XX. Ver en ese viejecillo guasón y algo desastrado al autor de los poemas de "Quelque chose noir" me conmovió, o tal vez fuera el darme cuenta de que viajaba solo y llevaba el cordón de su zapato izquierdo desatado.
viernes, 21 de enero de 2011
Roubaud
El martes conocí a Jacques Roubaud. Nos estuvo hablando de "Parc Sauvage" y del OuLiPo y de su amistad con Perec, que fue quien lo introdujo en el mundo de la "littérature potentielle". La explicación que hizo de qué es y qué pretende el OuLiPo no dejó a nadie indiferente y hubo bombardeo de preguntas pintorescas. Todas las enfrentó con un humor socarrón y transgresor con el que se metió enseguida al público en el bolsillo. Sabía muy bien lo que hacía y con su estilo cercano y algo improvisado dejó más huella en nosotros que las visitas de ilustres enanos de la política o las finanzas. Va a cumplir en diciembre 79 años y, aunque caminaba de modo inestable, parecía en plena forma. Roubaud perdió a su primera mujer, Alix Cleo, en 1981, al poco de casarse. Tardó tres años en volver a escribir, sumido en lo que él mismo llamó "la afasia". Luego dió a luz "Algo negro" ("Quelque chose noir"), quizás el mayor monumento al dolor por la pérdida de un ser querido que ha dado la literatura francesa del siglo XX. Ver en ese viejecillo guasón y algo desastrado al autor de los poemas de "Quelque chose noir" me conmovió, o tal vez fuera el darme cuenta de que viajaba solo y llevaba el cordón de su zapato izquierdo desatado.
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