El asunto Pujol no es el asunto Pujol. El asunto Pujol es el de una comunidad anestesiada y temerosa, durante más de 30 años incapaz de preguntar a una mujer arrogante y a unos pijos malcriados "d´on venen aquests calés?". Ni una radio, ni una televisión, ni un periódico (¡ni un juez!) lo preguntó nunca, nadie se atrevió a mirar hacia donde señalaba el dedo de Maragall aquel 24 de febrero de 2005, "vostès tenen un problema que es diu 3%". Pero "això no toca", lo que tocaba era embarcarnos en un camino incierto empedrado de enconos y radicalismo que están arruinando Cataluña, creando catalanes de primera, de segunda y de tercera, produciendo una fractura social con la intención última, inconfesable, de escapar impunes del latrocinio. El asunto Pujol no es el asunto Pujol. El asunto Pujol es la omertà seguidista de una sociedad podrida.
El asunto Pujol no es el asunto Pujol. El asunto Pujol es el de un gobierno en Madrid que deja florecer la corrupción más obscena mientras no colide con sus intereses inmediatos. Es el salir a la luz de la más rastrera hipocresía política. De no haber apoyado Pujol la deriva secesionista nada de ésto habría aparecido publicado. El pacto de no agresión con CiU consistía en mantenar a raya al independentismo a cambio de hacer de Pujol una suerte de virrey secreto, permitiendo que se forraran todos a costa del contribuyente y, al mismo tiempo, servirse de esa simbiosis para garantizarse el poder en Madrid. Cada uno pensaba que se estaba aprovechando del otro y, en cierto modo, tenían razón. "Si no cumples tu parte del trato, te dejaremos con las vergüenzas al aire". Política con "p" de "panoli", porque hay que ser panoli para embarcarse en semejante envite al Estado desde una posición tan frágil. De todo eso estamos hablando, no de Pujol.
El asunto Pujol no es el asunto Pujol. El asunto Pujol es el de alguien que se llena la boca de moralina mientras defrauda a sus conciudadanos, de alguien que no pierde ocasión de dar lecciones de ética, mientras engaña a su pueblo, de alguien que se vende por dinero mientras hace creer que se sacrifica por sus ideales, alguien convencido además de no ser la excepción ("si tirem de la manta ens farem tots mal "), sino la regla.
El asunto Pujol se convierte así en el asunto de Roldán en calzoncillos y de los cafelitos de Juan Guerra, de los sindicalistas de mariscada, putas y cocaina, de los sobres de la calle Génova, de los comisionistas en aeropuertos sin aviones, de la jeta de hormigón de Zaplana, Blanco, Matas, Fabra et alia, del incompetente Zapatero (¡votado y jaleado en masa!) y su política Disney, de IU apoltronada en Bankia, de años con ministros que provocan vergüenza ajena, de facturas de la luz incomprensibles y desmesuradas, de organizar el tricentenaris y cerrar camas de hospital, de los cursos de formación de Chaves y de Griñán, que te enseñan a vivir del cuento... el asunto Pujol no es el asunto Pujol, sino nosotros mismos y nos interpela acerca de nuestra, así llamada, "democracia".

No hay comentarios:
Publicar un comentario